"POR LA CONVERSION DE LOS INFIELES"

¡Dios te salve, María, Virgen y Madre de Dios! Aunque miserable pecador, vengo con la mayor confianza a postrarme a vuestros pies santísimos, bien persuadido de ser por ti socorrido de que eres la que, con tu gracia y protección poderosa, alcanzas al género humano todas las gracias del Señor. Y si estas suplicas no bastaran pongo por medianeros y abogados a los nueve coros de los Ángeles, a los Patriarcas, y Profetas, a los Apóstoles y Evangelistas, a los Mártires, Pontífices y Confesores; a las Vírgenes y Viudas; a todos los Santos del Cielo en especial al Cura de Ars, Santa Filomena, San Francisco de Asís, San Benito y justos de la tierra. Cuiden de esta página y de lo que aquí se publica para el beneficio de los fieles de la Iglesia Católica; con el único fin de propagar la fe. Que, esta página sea, Para Mayor Gloria de Dios.

sábado, 22 de agosto de 2009

Reforma en Marcha


El documento ha sido entregado en las manos de Benedicto XVI la mañana del pasado 4 de abril por el cardenal español Antonio Cañizares Llovera, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino.

Es el resultado de una votación reservada, ocurrida el 12 de marzo, en el curso de la reunión “plenaria” del dicasterio que se ocupa de liturgia y representa el primer paso concreto hacia aquella “reforma de la reforma” tantas veces deseada por el Papa Ratzinger.

Casi por unanimidad, los cardenales y obispos miembros de la Congregación han votado a favor de una mayor sacralidad del rito, de una recuperación del sentido de la adoración eucarística, de una recuperación de la lengua latina en la celebración y de la reelaboración de las partes introductorias del misal para poner freno a los abusos, experimentaciones salvajes y creatividades inoportunas.

Se han mostrado favorables, también, a confirmar que el modo usual de recibir la Comunión según las normas no es sobre la mano sino en la boca. Existe, es cierto, un indulto que permite, a pedido de los episcopados, distribuir la hostia también sobre la palma de la mano pero esto debería quedar como un hecho extraordinario.

El “ministro de la liturgia” del Papa Ratzinger, Cañizares, está haciendo estudiar también la posibilidad de recuperar la orientación hacia Oriente del celebrante, al menos en el momento de la consagración eucarística, como ocurría en la praxis anterior a la reforma, cuando tantos los fieles como el sacerdote miraban hacia la Cruz y el sacerdote, por lo tanto, daba la espalda a la asamblea.

Quien conoce al cardenal Cañizares, apodado “el pequeño Ratzinger” antes de su traslado a Roma, sabe que tiene la intención de llevar adelante con decisión el proyecto, partiendo precisamente de lo que ha establecido el Concilio Vaticano II en la constitución litúrgica Sacrosanctum Concilium, que en realidad ha sido sobrepasada por la reforma post-conciliar que entró en vigor a finales de los años sesenta.

El purpurado, entrevistado en los meses pasados por la revista 30giorni, había dicho al respecto: “A veces se ha cambiado por el simple gusto de cambiar respecto a un pasado percibido como todo negativo y superado. A veces se ha concebido la reforma como una ruptura y no como un desarrollo orgánico de la Tradición”.

Por esta razón, las “propositiones” votadas por los Cardenales y Obispos en la Plenaria de marzo prevén un retorno al sentido de lo sagrado y la adoración, pero también una recuperación de las celebraciones en latín en las diócesis, al menos en las solemnidades principales, y la publicación de misales bilingües – un pedido hecho en su momento por Pablo VI – con el texto en latín en primer lugar.

Las propuestas de la Congregación, entregadas por Cañizares al Papa y que el Papa aprobó, están perfectamente en línea con las ideas expresadas por Joseph Ratzinger cuando éste era aún Cardenal, como atestiguan algunos pasajes suyos inéditos sobre la liturgia anticipados ayer por Il Giornale, que serán publicados en el libro “Davanti al Protagonista” (Editorial Catagalli), presentado de antemano en un congreso en Rimini.

A todo esto, una aclaración importante: para lograr la “reforma de la reforma” se necesitarán muchos años. El Papa está convencido de que tanto los pasos precipitados como el hecho de simplemente lanzar directivas desde arriba no sirve para nada, y tiene además el riesgo de quedar como letra muerta.

El estilo de Ratzinger es el del debate y, sobre todo, del ejemplo. Como es el hecho de que, por más de un año, quienes se acercan al Papa para recibir la Comunión se ponen de rodillas en el reclinatorio especialmente ubicado por los ceremonieros.
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Fuente: Papa Ratzinger Blog
Traducción: La Buhardilla de Jerónimo
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Fuete original: La Buhardilla de Jeronimo

jueves, 20 de agosto de 2009

Obispo restaura la posición "Ad Orientem"



El obispo Eduardo Slattery de Tulsa, Oklahoma, ha retornado a la práctica de celebrar la liturgia eucarística "ad orientem" en su catedral. El Obispo Slattery explicó en su periódico diocesano que él reconoce las ventajas de la Misa celebrada con el sacerdote de frente al pueblo, pero:
Lamentablemente, este cambio tubo una cantidad de efectos no previsibles y en gran parte negativos. y en gran medida los efectos negativos.

• En primer lugar, se trata de una grave ruptura con la antigua tradición de la Iglesia.
• En segundo lugar, se puede dar la apariencia de que el sacerdote y el pueblo se dedican a una conversación acerca de Dios, en lugar de la adoración a Dios.
• En tercer lugar, se impone una excesiva importancia a la personalidad del celebrante, colocando sobre él una especie de cambio litúrgico.

Debido a que la Misa es tan necesaria y fundamental para nuestra vida como católicos, la Liturgia es un tema constante en nuestras conversaciones. Es por esto que cuando nos reunimos, a menudo reflexionamos sobre las oraciones y las lecturas, hablamos sobre la homilía, y – probablemente – discutimos acerca de la música. El elemento crítico en estas conversaciones es nuestra comprensión de que nosotros, los católicos, damos culto en la forma en que lo hacemos debido a lo que la Misa es: el Sacrificio de Cristo, ofrecido bajo los signos sacramentales de pan y vino.

Si nuestro hablar acerca de la Misa quiere “tener sentido”, entonces tenemos que captar esta verdad esencial: en la Misa, Cristo nos une a Sí en la ofrenda que hace de Sí mismo, en sacrificio al Padre por la redención del mundo. Nosotros podemos ofrecernos de esta forma en Él, porque hemos sido hechos miembros de Su Cuerpo por el Bautismo.

También queremos recordar que todos los fieles ofrecen el Sacrificio Eucarístico como miembros del Cuerpo de Cristo. Es incorrecto pensar que sólo el sacerdote ofrece la Misa. Todos los fieles tienen parte en la ofrenda, si bien el sacerdote tiene un rol único. Él lo hace “en la Persona de Cristo” Cabeza del Cuerpo Místico, por lo que en la Misa es el Cuerpo entero de Cristo, la Cabeza y los miembros, que juntos hacen la ofrenda.

De cara hacia la misma dirección




Desde los primeros tiempo, la posición del sacerdote y del pueblo reflejaron esta comprensión de la Misa, dado que la gente oraba, de pie o de rodillas, en el lugar que visiblemente correspondía al Cuerpo de Nuestro Señor, mientras que el sacerdote, en el altar, encabezaba [la oración] como Cabeza. Formamos el Cristo total – Cabeza y miembros – tanto sacramentalmente por el Bautismo como visiblemente por nuestra posición y postura. Igual de importante es que todos – el celebrante y la congregación – miraban hacia la misma dirección, dado que estaban unidos con Cristo en la ofrenda del Sacrificio único, irrepetible, y aceptable al Padre.

Cuando estudiamos las prácticas litúrgicas más antiguas de la Iglesia, encontramos que el sacerdote y el pueblo miraban en la misma dirección, usualmente hacia el oriente, previendo que cuando Cristo regresara, lo haría “desde el este”. En la Misa, la Iglesia se mantiene en vigilia, esperando este regreso. Esta simple posición es llamada “ad orientem”, que significa “hacia el este”.

Múltiples ventajas

Por casi 18 siglos, la norma litúrgica fue que el sacerdote y el pueblo celebraran la Misa “ad orientem”. Deben existir razones sólidas para que la Iglesia haya sostenido esta postura por tanto tiempo. ¡Y existen!

• En primer lugar, la liturgia católica siempre ha mantenido una adhesión maravillosa a la Tradición Apostólica. Vemos la Misa, y de hecho toda expresión litúrgica de la vida de la Iglesia, como algo que hemos recibido de los Apóstoles, y que nosotros, por nuestra parte, estamos llamados a transmitir intacto (1Co 11,23).

• En segundo lugar, la Iglesia mantuvo esta sencilla postura hacia el este porque ésta revela en un modo sublime la naturaleza de la Misa. Incluso si alguien que no estuviera familiarizado con la Misa reflexionara sobre el hecho de que el celebrante y los fieles están orientados en la misma dirección, reconocería que el sacerdote ocupa el lugar de cabeza del pueblo, teniendo parte en una única y misma acción que – notaría después de un momento de mayor reflexión – se trata de un acto de culto.

Una innovación con consecuencias imprevistas

En los últimos cuarenta años, sin embargo, esta orientación compartida se perdió; ahora el sacerdote y el pueblo se han acostumbrado a mirar en direcciones opuestas. El sacerdote mira al pueblo mientras que el pueblo mira al sacerdote, aunque la plegaria eucarística está dirigida al Padre y no al pueblo. Esta innovación fue introducida después del Concilio Vaticano, en parte para ayudar al pueblo a comprender la acción litúrgica de la Misa permitiéndole ver lo que está sucediendo, y en parte como una adaptación a la cultura contemporánea, en la que se espera que el que tiene autoridad mire directamente a las personas que sirve, como un maestro que se sienta detrás de un escritorio.

Desafortunadamente, este cambio tuvo una cantidad de efectos no previsibles y, en gran parte, negativos. Primero, que fue una seria ruptura con la tradición de la Iglesia. Segundo, que puede dar la apariencia de que el sacerdote y el pueblo están ocupados en una conversación acerca de Dios, en lugar de estarlo en el culto a Dios. Y tercero, que esto le da una importancia excesiva a la personalidad del celebrante, poniéndolo en una especia de escenario litúrgico.

Recuperar lo sagrado

Incluso antes de su elección como sucesor de San Pedro, el Papa Benedicto ha estado urgiéndonos a poner nuestra atención en la práctica litúrgica clásica de la Iglesia para recuperar un culto católico más auténtico. Por esta razón, he restaurado la venerable posición “ad orientem” cuando celebro la Misa en la Catedral.

Este cambio no debe ser malinterpretado en el sentido de que el obispo “está dando la espalda a los fieles”, como si yo estuviera siendo inconsiderado u hostil. Tal interpretación no entiende que, al mirar en la misma dirección, la postura del celebrante y de la congregación hacen explícito el hecho de que juntos estamos en camino hacia Dios. El sacerdote y el pueblo están juntos en esta peregrinación.

También sería equivocado ver la recuperación de esta antigua tradición como un mero “atrasar el reloj”. El Papa Benedicto ha hablado repetidamente de la importancia de celebrar la Misa “ad orientem”, pero su intención no es animar a los celebrantes a transformarse en “anticuarios litúrgicos”. En lugar de esto, su Santidad quiere que descubramos lo que está detrás de esta antigua tradición y lo que la hizo viable por tantos siglos, es decir, la comprensión de la Iglesia de que el culto de la Misa es primaria y esencialmente el culto que Cristo ofrece a Su Padre.
Bien hecho, Su Excelencia.
Ojalá que todos los obispos diocesanos sigan su ejemplo también.
Piensen en esto: con una adecuada catequesis y un poco de diplomacia, no hay sacerdote de la diócesis, que pueda ser criticado por la introducción de el culto "ad orientem".
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lunes, 17 de agosto de 2009

MORTIFICACIÓN DE TODO EL CUERPO POR SAN ANTONIO MA. CLARET

El enemigo más fiero y cruel de nuestra alma y el más temible es nuestro cuerpo, o la carne, ya que porque siempre está junto a ella, ya porque es la más tenas; de modo que puede decirse que todos los días le arma asechanzas para hacerla caer en pecado. Es un potro indómito que fácilmente se desboca, que difícilmente obedece al freno o se reduce a servir al espíritu para que fue formado; de suerte que por poco que se le suelte la rienda, no solo exigirá lo justo y lo que racionalmente debemos con cederle como necesario, sino que nos arrastrara a la pasión. No debemos olvidar que al cuerpo hemos de cuidarlo cual cuidaríamos lo necesario para servirnos del, y no para regalarlo, so pena de que poniéndose demasiado lozano, no admitiera el yugo o arrojarse la carga. Lo propio, pues, hemos de hacer con el cuerpo; esto es, hemos de darle lo que necesita para vivir y trabajar; pero no para regalarlo, so pena también de que, lozaneando, se haga indómito y nos arrastre a todos los desordenes, haciéndonos vivir, no según la razón, sino según la pasión, cual animales irracionales, y aun peor, por cuanto aquellos están dotados y son regidos por instinto natural, lo cual sin disputa llega a faltar a la persona que vive según la pasión.

Como el médico al encargarse de un enfermo le ordena al punto la dieta, esto es que se prive de comer y beber, no solo en la cantidad, sino también en la calidad de ciertos alimentos que conoce serle nocivos, ordenándole también que se preserve de los aires poco sanos y de conversaciones, recetándole al mismo tiempo las medicinas más a propósito para la restauración de la salud, así, ni más ni menos, es indispensable tratar a nuestro cuerpo, enfermo de las pasiones y de malas inclinaciones. Es preciso empezar por la dieta, privándole o moderándole aquellos manjares o bebidas que pueden irritar a dar empuje a las pasiones, apartando de aquellas personas y lugares que pueden traerle algún perjuicio espiritual, propinándole al propio tiempo ciertas mortificaciones, cual otras medicinas, bajo el consejo de un prudente y sabio director; o, a lo menos, sufrir con paciencia y sin quejas aquellas cosas que nos mortifican sin buscarlas, ora vengan de los prójimos, ora de los animales e insectos, o ya, por último, de los elementos o de la naturaleza; como, por ejemplo: sufrir con paciencia y con espíritu de penitencia el frio y el no poderse calentar o arrimarse a la lumbre en invierno, el dolor de cabeza en primavera, y el calor las moscas, pulgas, etc., en verano y otoño.

Conozco yo a cierta persona que, cuando las pulgas le pican, se habla de esta suerte a sí misma: "Mirad: estos bichos pican así a los mortales, porque el primero y padre de ellos cometió un solo pecado; si, pues, por un solo pecado de uno pican a todos los mortales, ¿con cuanta mas razón todos deberían picarte a ti que tantos pecados has cometido?" Y los deja que hagan su deber picando y cebándose en el, sufriendo con la mayor paciencia y en espíritu de penitencia esta mortificación(I). Si tu no alcanzas a tanto porque tienes menos virtud, se, a lo menos, un poco mas sufrido que hasta aquí; piensa que mas padecerás en el infierno, adonde iras si tienes la desgracia de morir en pecado mortal, o en el purgatorio, adonde indispensablemente iras si no te mortificas ahora, o no haces penitencia de las faltas veniales o del reato de las mortales, aun cuando estén ya confesadas; porque ya te acordaras que dice el Catecismo que con el sacramento de la Penitencia se perdonan las penas del infierno, pero no todas las del purgatorio que merece el pecador.

Bueno y muy útil te seria que hicieras también alguna otra mortificación voluntaria, a imitación de San Pablo, quien decía: castigo a mi cuerpo para reducirlo a que sirva al espíritu; pero antes de practicar las mortificaciones voluntarias, consúltalo con humildad y docilidad con tu director, y el, haciéndose cargo de tu salud, ocupaciones y otras circunstancias, te dirá lo que puedes hacer que sea más agradable a dios.

(I) Este era el mismo Santo, que se pone, por modestia, en tercera persona.

viernes, 7 de agosto de 2009

MORTIFICACIÓN DEL TACTO POR SAN ANTONIO MA. CLARET


Nunca hagas ni toques cosa alguna fea, porque ya sabes que eso es un horrendo pecado; te abstendrás también de aquella costumbre indecente y baja que tienen algunos de juguetear y agarrarse, y otros enredos semejantes, por ser cosa intolerable e indecorosa; no eches en olvido aquel adagio: juego de manos, juego de villanos. No solo, pues no lo has de hacer con personas de otro sexo, sino tampoco con las del propio; y no solo por ser contra la buena educación, sino también peligroso para la castidad.

DEBERES TOCANTES A LA CASTIDAD

En el sexto y noveno Mandamientos se nos ordena la castidad propia de cada estado, en pensamientos, palabras y obras. El objeto de estos dos Mandamientos es la salvaguardia de preciosa virtud de la castidad, llamada por antonomasia la virtud angélica. Ambos Mandamientos prohíben, por lo tanto, las acciones, las palabras y los pensamientos y deseos, o sea todos los pecados de impureza o lujuria.

Naturaleza de la castidad.- Castidad es una virtud moral que refrena los apetitos carnales y los pone en orden. Consiste, pues, en una voluntad inquebrantable de no cometer ninguna especie de impureza; o, en otros términos, de abstenerse de placeres sensuales ilícitos.

Medios para guardar la castidad.-

1º Medios : a) La frecuencia de los Sacramentos y especialmente la asistencia a la Santa Misa diariamente y la sagrada Comunión diaria. b) La oración asidua y fervorosa, pidiendo a Dios su gracia para conservar la pureza. c) La devoción filial a la Santísima Virgen --en especial el rezo del Santo Rosario diariamente--, y a los santos que más se distinguieron en esta virtud. d) La modestia, y recato de los sentidos, especialmente el de la vista, porque los ojos son las ventanas por donde entra la muerte en el alma. e) La mortificación y el amor al trabajo, porque la inmortificación hace las pasiones indomables y la ociosidad engendra todos los vicios. f) Fomentar el santo temor de Dios con el recuerdo de las postrimerías. g) Resistir con prontitud las primeras embestidas de las tentaciones: «Atajar al principio el mal procura; si llega a echar raíz, tarde cura», para ello es eficacísimo nada más sentir la más ligera punzada de tentación decir para uno mismo "Ave María purísima" con plena confianza.

2º Otros Medios: a) Apartarse de las ocasiones de pecar, como son las personas o amistades peligrosas, etc. b) Huir de los espectáculos indecentes, cines, bailes, lecturas, etc., que inciten a la lujuria. e) Evitar la intemperancia en la comida, y sobre todo en la bebida, que es lo que principalmente conduce a la deshonestidad

martes, 4 de agosto de 2009

MORTIFICACIÓN DEL GUSTO POR SAN ANTONIO MA. CLARET

De mil maneras se puede ejercitar la mortificación del gusto, y es de tanto interés que San Gregorio no titubea en afirmar que quien no procura antes vencer la gula en vano se prometerá vencer los demás vicios.

Téngase, pues, como máxima inconcusa, o como principio fundamental, que el hombre no ha de vivir para comer y beber, sino ha de comer y beber par vivir. Se ha de comer y beber para sustentar la naturaleza y no para regalar los sentidos; y estos principios son los que han de regular la cantidad y calidad de los alimentos. El que no se mortifica en la comida-decía Santa Catalina de Siena - es imposible que pueda guardar su inocencia pues por la gula se perdió Adán.

Toda destemplanza en la comida y bebida es perjudicial al cuerpo y al alma. Ya no se duda que la mayor parte de las enfermedades son efecto de la gula. Las apoplejías, las diarreas, las obstrucciones, los dolores de estomago, los de costado, y otros males que sería largo enumerar, comúnmente no reconocen otra causa que los excesivos alimentos. Pero estas enfermedades corporales aunque grandes males, son muy insignificantes en comparación de los males espirituales que acarrea la gula.

Es imposible -decía Casiano -, es imposible que no experimente tentaciones impuras el que está lleno de comida; y he aquí porque los santos que tan alto aprecio hacían de la castidad , refrenaban con tanto cuidado la gula. Dice Santo Tomas que cuando el demonio tienta con la gula a una persona y es vencido, deja ya de tentarla con la impureza.

San Jerónimo, escribiendo a la Santa Virgen Eustoquia, el vino y la mocedad- decía - son un doble incentivo del deseo de ilícitos placeres. Y entre otras cosas, añadía: Te aviso que, como esposa que eres de Jesucristo, huyas del vino como de un veneno. Y Salomón, en los Proverbios, dice: El vino es lujurioso; es el cebo de la incontinencia; y luego pregunta: ¿Para quien serán los lamentos? ¿No es verdad que serán para los dados al vino y que procuran apurar las copas? Porque sabe todo esto Satanás, que se huelga de nuestra desgracia en este y en el otro mundo, ha hecho abrir tantas tabernas, figones, cafés, y fabricas de licores, que son como otras tantas fabricas de pólvora para hacer guerra a la castidad y demás virtudes, porque de la impureza nacen todos los males, hasta la herejía, según nuestro adagio: No hay hereje sin mujer.

Y así, para librarte de tamaños males, anda alerta con la comida y bebida: nunca entres en taberna, café o figón sino por necesidad, no comas ni bebas sino en las horas acostumbradas, y entonces, echa la bendición sobre la comida antes de empezar a comer, y al concluir da por ella gracias a Dios. No quieras hacerte semejante a aquellos animales inmundos que puestos debajo de la encina, tragan la bellota sin levantar su cabeza para mirar a quien les prodiga el regalo; antes bien, al comenzar a tomar alimento levanta tu pensamiento a Dios y de vez en cuando dile interiormente: Señor, ni cómo ni bebo para deleitarme en estas cosas, sino para alimentarme y tener fuerzas para serviros. Mas no por esto quiero decir que sea una falta el sentir gusto en la comida, porque eso es natural y bien ordenado por Dios; pero si lo sería si se comiera por el gusto como por único fin. No es lo mismo comer con gusto que comer por gusto: lo primero es licito, porque sin el incentivo del gusto, ¿quien comería? Lo segundo es pecado o defecto, porque es invertir el orden; es colocar el fin en lo que solo es medio o instrumento; es gozar de lo que solo se debe usar; es en fin, destruir aquella máxima que dejamos sentada, a saber: que el hombre no ha de vivir para comer y beber, sino beber y comer para vivir.

Es un acto de mortificación muy loable el no quejarse jamás de la comida o bebida: que el superior vele en favor de los demás, está muy puesto en razón; pero un particular nunca diga que esta crudo o cocido, frio o caliente, soso o salado, sino que coma lo que traigan y del modo que lo traigan, a no ser que conozca serle dañoso al cuerpo o al alma, como si fuese cosa que le hubiese de causar alguna indisposición o que se opusiera a algún precepto. Santo Tomas nunca pidió comida alguna en particular, y siempre decía que con lo que le presentaban quedaba satisfecho. San Ignacio jamás rehusó plato alguno, ni se quejo aunque estuviera mal cocido o mal guisado.

San Juan Clímaco también comía de todo y muy despacio esperaba que los demás fueran comiendo, para concluir juntos. También es un excelente mortificación privarse o abstenerse de aquellas viandas o frutas que son más del propio gusto y haciendo con disimulo se pueden practicar muchos actos de virtud, presentando u ofreciendo a Dios estos sacrificios u obsequios, llevando la cruz de Cristo, y no ser como aquellos de quienes con lagrimas se lamenta San Pablo que son enemigos de la cruz de Cristo y cuyo Dios es el vientre.

lunes, 3 de agosto de 2009

Con motivo del 150avo aniversario de la muerte de san Juan María Vianney.



El Santo Padre Benedicto XVI ha instituido ciertos días para ganar Indulgencias Plenarias y uno de ellos el día de mañana 4 de Agosto. Con motivo del 150avo aniversario de la muerte de san Juan María Vianney.

Ofrezcamos estas Indulgencias Plenarias especialmente por los sacerdotes que se encuentren en el purgatorio. Por los que de alguna manera fueron olvidados pidamos al Santo Cura de Ars. interceda por el perdón de sus pecados. Y si lográramos obtener la libertad de un sacerdote del purgatorio. ¡Tendríamos un amigo mas en el cielo! ¡Un Santo más que pediría por nuestra alma!

Pidamos por nuestro obispo Thomas J. Olmsted y por todos los obispos del mundo para que El Espíritu Santo los guie con ese amor que invita a entregarse al sacrificio por los demás. Y por la santidad de todos los sacerdotes del mundo especialmente por aquellos que de alguna manera son presas fáciles del demonio.

San Juan Vianney era muy devoto de Santa Filomena. Existía un perfecto entendimiento entre el Cura de Ars y la Santa. La eligió como su patrona y el sentía su presencia constantemente. La llamaba con los nombres más tiernos y familiares y no dudaba en inducir a otros a que invocaran su intercesión en sus necesidades de cuerpo y alma. San Juan María Vianney le compuso esta Letanía. Aprovechemos este regalo que nos dejo el Santo Cura de Ars.


LETANIA DE SANTA FILOMENA
(Compuesta por San Juan Vianney)

- Señor, ¡ten piedad de nosotros!
- Cristo,¡ten piedad de nosotros!
- Señor, ¡ten piedad de nosotros!

- Cristo óyenos,
- Cristo escúchanos,
- Dios, Padre celestial, ¡ten piedad de nosotros!
- Dios Hijo, Redentor del mundo, ¡ten piedad de nosotros!
- Dios Espíritu Santo, ¡ten piedad de nosotros!
- Trinidad santa, un solo Dios, ¡ten piedad de nosotros!

Santa María, Reina de las Vírgenes, ¡Ruega por nosotros!
- Santa Filomena, llena de abundantes gracias desde la cuna,
- Santa Filomena, fiel imitadora de María,
- Santa Filomena, modelo de virginidad,
- Santa Filomena, templo de la más perfecta humildad,
- Santa Filomena, inflamada con celo por la Gloria de Dios,
- Santa Filomena, víctima del amor de Jesús,
- Santa Filomena, ejemplo de fortaleza y de perseverancia,
- Santa Filomena, campeona invencible de castidad,
- Santa Filomena, espejo de las más heroicas virtudes,
- Santa Filomena, firme e intrépida ante los tormentos,
- Santa Filomena, flagelada igual que tu Divino Esposo,
- Santa Filomena, Atravesada por una lluvia de flechas,
- Santa Filomena, encadenada y consolada por la Madre de Dios,
- Santa Filomena, Curada milagrosamente en prisión,
- Santa Filomena, confortada por los ángeles en tus tormentos,
- Santa Filomena, que preferiste tormentos y muerte antes que los esplendores de un trono,
- Santa Filomena, que convertiste a los testigos de tu martirio,
- Santa Filomena, que consumiste la furia de tus verdugos,
- Santa Filomena, protectora de los inocentes,
- Santa Filomena, patrona de la juventud,
- Santa Filomena, refugio de los desventurados,
- Santa Filomena, salud de los enfermos y de los débiles,
- Santa Filomena, nueva luz de la Iglesia militante,
- Santa Filomena, que confundes la impiedad de nuestro siglo,
- Santa Filomena, que reanimas la fe y el valor de los fieles,
- Santa Filomena, cuyo nombre es glorioso en el Cielo y terrible en el infierno,
- Santa Filomena, hecha ilustre por los más espléndidos milagros,
- Santa Filomena, poderosa junto a Dios,
- Santa Filomena, que reinas en la gloria,
- Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ¡Perdónanos, Señor!
- Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ¡Escúchanos Señor!
- Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ¡Ten piedad de nosotros!

V. Ruega por nosotros, Santa Filomena
R. Para que seamos dignos de alcanzar la promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amen.

Oración. Te suplicamos, Oh Señor, que por la intercesión de Santa Filomena, Virgen y Mártir, que siempre fue agradabilísima ante tus ojos por razón de su eminente pureza y la práctica de todas las virtudes, perdonarnos nuestros pecados y concédenos todas las gracias que necesitamos (mencione aquí la gracia que desea obtener). Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.




Reliquia del corazón del Santo Cura de Ars ante la cual el Papa Benedicto XVI rezó la siguiente oración en la inauguración del Año Sacerdotal 19-junio-2009

Oración del Papa Benedicto XVI con motivo del año sacerdotal

¡Señor Jesús!

En San Juan María Vianney Tú has querido dar a la Iglesia la imagen viviente y una personificación de tu caridad pastoral.

Ayúdanos a bien vivir en su compañía, ayudados por su ejemplo en este Año Sacerdotal.

Haz que podamos aprender del Santo Cura de Ars delante de tu Eucaristía; aprender cómo es simple y diaria tu Palabra que nos instruye, cómo es tierno el amor con el cual acoges a los pecadores arrepentidos, cómo es consolador abandonarse confidencialmente a tu Madre Inmaculada, cómo es necesario luchar con fuerza contra el Maligno.

Haz, Señor Jesús, que, del ejemplo del Santo Cura de Ars, nuestros jóvenes sepan cuánto es necesario, humilde y generoso el ministerio sacerdotal, que quieres entregar a aquellos que escuchan tu llamada.

Haz también que en nuestras comunidades –como en aquel entonces la de Ars– sucedan aquellas maravillas de gracia, que tu haces que sobrevengan cuanto un sacerdote sabe 'poner amor en su parroquia'.

Haz que nuestras familias cristianas sepan descubrir en la Iglesia su casa –donde puedan encontrar siempre a tus ministros– y sepan convertir su casa así de bonita como una iglesia.

Haz que la caridad de nuestros Pastores anime y encienda la caridad de todos los fieles, en tal manera que todas las vocaciones y todos los carismas, infundidos por el Espíritu Santo, puedan ser acogidos y valorizados.

Pero sobre todo, Señor Jesús, concédenos el ardor y la verdad del corazón a fin de que podamos dirigirnos a tu Padre celestial, haciendo nuestras las mismas palabras, que usaba San Juan María Vianney:

'Te amo, mi Dios, y mi solo deseo
es amarte hasta el último respiro de mi vida.
Te amo, oh Dios infinitamente amable,
y prefiero morir amándote
antes que vivir un solo instante si amarte.
Te amo, Señor, y la única gracia que te pido
es aquella de amarte eternamente.
Dios mío, si mi lengua
no pudiera decir que te amo en cada instante,
quiero que mi corazón te lo repita
tantas veces cuantas respiro.
Te amo, oh mi Dios Salvador,
porque has sido crucificado por mí,
y me tienes acá crucificado por Ti.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote
y sabiendo que te amo'. Amén.