"POR LA CONVERSION DE LOS INFIELES"
¡Dios te salve, María, Virgen y Madre de Dios! Aunque miserable pecador, vengo con la mayor confianza a postrarme a vuestros pies santísimos, bien persuadido de ser por ti socorrido de que eres la que, con tu gracia y protección poderosa, alcanzas al género humano todas las gracias del Señor. Y si estas suplicas no bastaran pongo por medianeros y abogados a los nueve coros de los Ángeles, a los Patriarcas, y Profetas, a los Apóstoles y Evangelistas, a los Mártires, Pontífices y Confesores; a las Vírgenes y Viudas; a todos los Santos del Cielo en especial al Cura de Ars, Santa Filomena, San Francisco de Asís, San Benito y justos de la tierra. Cuiden de esta página y de lo que aquí se publica para el beneficio de los fieles de la Iglesia Católica; con el único fin de propagar la fe. Que, esta página sea, Para Mayor Gloria de Dios.
miércoles, 17 de diciembre de 2014
De San Alfonso Maria de Ligorio Dicurso II
martes, 16 de diciembre de 2014
De San Alfonso Maria de Ligorio
(16 de Diciembre)
sábado, 6 de diciembre de 2014
Comulgando Con la Virgen
ESCENA: El cuadro de la Inmaculada pintado por Ribera
Entre las tinieblas de la nada, María sale de las manos del Eterno Padre limpia y serena como un amanecer sin nubes, como un mar terso sin olaje.
1. º Tan pura y tan limpia quiso Dios a su Madre, que no sólo la preservo de toda culpa, sino que secó en ella la fuente del pecado, la concupiscencia; herencia triste de todos los hombres recibida desde los primeros padres. No quiso Dios que la sintiéramos y a los primeros hombres les creó libres de ella. Pecaron y al pecar comenzaron a sentirla. La concupiscencia es inclinación desordenada a los placeres de los sentidos, sobre todo a los placeres de la carne. No es el pecado; pero es la inclinación al pecado.
2. º Todos los hombres en mayor o menor grado la sienten. Algunos santos, por privilegio especial de Dios, se han visto libres de ella durante algún tiempo o la han sentido débilmente; pero esto es privilegio poco frecuente. De ordinario hasta los santos han tenido que luchar contra ella para que no les arrastrara al pecado. ¡Qué grito tan angustioso el que lanza San Pablo! «Veo otra ley en mis miembros que guerrea contra la ley del corazón. ¡Desventurado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?» Los santos han hecho penitencia aterradora para dominar la concupiscencia. San Pedro Damián se sumergía en agua helada, para apagar el ardor de la pasión. San Benito se metía entre zarzas espinosas. San Jerónimo, con el cuerpo macerado por la penitencia del desierto, decía: ¡Cuántas veces hallándome en la soledad salvaje me figuraba que estaba entre los placeres de Roma!
3. º Tú mismo muchas veces sientes esta lucha que te apena. Por un lado te atrae la virtud de la pureza. ¡Es tan degradante a los ojos de Dios y de los hombres la deshonestidad! ¡Es tan delicado el perfume de la castidad! ¡Es una virtud tan encantadora la pureza, la virginidad! ¡Siente el alma una satisfacción tan honda cuando la conciencia le dice al hombre: eres puro! Porque sabes todo esto, muchas veces sientes anhelos de pureza. Quisieras despegarte de esta tierra corrompida y elevarte a regiones de atmosfera más pura, a esas regiones donde viven los espíritus celestiales; pero ¿Qué te sucede? Lo que a san Pablo: que sientes el peso de tu cuerpo que tiende hacia la tierra, que sientes la tentación de la carne que busca satisfacciones terrenas; quieres levantar el vuelo y las alas se te pegan al cuerpo que resiste y exclamas desalentado: ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Por experiencia propia sabes muy bien lo que es la concupiscencia.
1. º María, descendiente de Adán, debería sentir esta inclinación desordenada; pero Dios la libro de ella, porque iba a hospedar en su castísimo seno al Hijo de Dios, hecho hombre. Dios libro a Lot del incendio que devoró a la ciudad pecadora donde vivía; y San Agustín da la razón: porque hospedó a Dios que llamó a las puertas de su casa en figura de ángel. El fuego de la concupiscencia abrasa a todos los hombres; pero la Virgen se vio libre de él porque había de dar hospedaje al Hijo de Dios hecho hombre.
2. º La fuente debe estar muy tranquila y muy transparente para que refleje en ella la imagen del sol y María iba a ser la fuente donde estaría mirándose constantemente, como en un espejo, Jesús, sol divino de pureza. Muy limpio de espinas debía estar el corazón donde reclinara su cabeza el Hijo de Dios que vivía entre los resplandores de la santidad infinita. Muy puras debían estar aquellas manos destinadas a acariciar el rostro de Jesús, alegría de los bienaventurados. Muy ordenado y pacifico debía ser aquel palacio, que iba a ser habitado por el príncipe de la paz. Penetra dentro de él. Entra en aquella inteligencia bañada de resplandores de luz divina y fija siempre en la verdad eterna. Entra en aquel corazón, atraído únicamente por el bien supremo; y allí, en el silencio de todas las tendencias ordenadas, oye el himno sublime de alabanza y de amor que el alma de María se eleva hasta el trono del Altísimo, himno más armonioso y más agradable a Dios, que el que entonó el alma de Adán antes del pecado y el que entonan los cielos y la tierra a su creador. «Coeli enarrant gloriam Dei» Los cielos cantan la gloria del Señor. Nave riquísima majestuosa, que a impulsos del amor divino, caminará segura, Imperturbable, a través de mares nunca agitados por tormentas de pasiones: eso es el alma de María cuando sale de las manos de Dios y aparece en el mundo toda hermosa; porque todo en ella es orden y santidad.
3. º Al contemplarla así, acaso te desalientes pensando: mi Madre del cielo es purísima, es ordenadísima; su hermosura me embelesa, pero yo no puedo parecerme en eso a mi Madre. Sí, puedes parecerte cada día más a Ella. ¿Cómo? Recibiendo con frecuencia la Comunion y comulgando fervorosamente.
1. º La Virgen estuvo libre de la concupiscencia porque iba a ser la Madre de Jesús, y tenía que hospedarle en su seno. Cuando comulgas, tú hospedas a ese mismo Jesús; y al entrar dentro de ti mitiga la concupiscencia de tu cuerpo y te vas asemejando a la Virgen a medida que vas recibiendo a Jesús sacramentado. Uno de los efectos preciosos de la Comunion es ese: mitigar la concupiscencia. Dice San Cirilo de Alejandría: «Cuando Cristo esta en nosotros hallase adormecida la ley de la carne que brama furiosa en nuestros miembros» (In Ioan. 4,2.) Como hacia callar Jesús el bramido de las tempestades, apacigua tambien la concupiscencia. A eso atribuye San Bernardo la paz que sienten algunos cristianos: «Si alguno de vosotros no siente ya con tanta frecuencia, ni tan acerbos movimientos de ira, de envidia, de lujuria o de cosas parecidas, de gracias al cuerpo y a la Sangre del Señor, porque la virtud del sacramento obra en él. » (Serm. De bapt. Et sacram. Altaris.)
2. ¿Cómo produce este efecto la Eucaristía? Lo dice el Concilio Tridentino: «La Eucaristía cohíbe y refrena la lascivia de la carne; pues al encender más el alma con el fuego de la caridad, templa tambien el ardor de la concupiscencia.» Con la Eucaristía aumenta en el alma la gracia santificante y juntamente crece la caridad, y como dice San Agustín: el aumento de la caridad es disminución de la sensualidad; y si llegaras a tener una caridad perfecta, tu dominio de la concupiscencia sería perfecto tambien. Cuando comulgas, fomenta los actos de amor a Dios; y a medida que se vaya encendiendo en el alma el fuego del amor divino, se irá apagando el fuego de la concupiscencia. Al comulgar crece tu familiaridad con Jesús y este trato íntimo con él iluminará tu inteligencia de luz sobrenatural para entender las cosas espirituales; y esa luz divina hará que se amortigüen las tentaciones desordenadas de la carne, que busca los bienes rastreros de este mundo. Trata íntimamente con Jesús cuando comulgas para que ilumine tu alma con su ciencia divina y desprecies los bienes terrenos que la imaginación engañosa presenta al apetito sensitivo. A medida que crezca tu trato intimo con Jesús, brotaran en tu voluntad afectos y deseos santos opuestos a las inclinaciones de la carne. Cuando más guste la voluntad las delicias de los bienes divinos, menos complacencia hallaras en los bienes terrenos. Acaso la Eucaristía obra directamente en el cuerpo, y aunque no le comunique ninguna cualidad sobrenatural, puede ir moderando y extinguiendo poco a poco el ardor de la concupiscencia. Si comulgas mucho y con mucho fervor te irás asemejando cada día más a la Virgen, libre de concupiscencia.
3. Más aún, el dominio interior de tus inclinaciones se reflejará en todas las actividades de tu cuerpo: alegría en el rostro, modestia en los ojos, moderación en las palabras, madurez en el andar, dignidad, compostura y belleza en todo tu aspecto exterior que tendrá alguna semejanza con la modestia y serenidad del cuerpo de la virgen. A medida que la concupiscencia se vaya apagando por efecto de la Comunion, irá floreciendo la castidad en tu corazón y la pureza de tu cuerpo; pues Jesús es el cordero inmaculado que al entrar en las almas las recrea con aroma celestial y las riega con el roció de la castidad. Jesús en la Eucaristía fue llamado proféticamente «trigo de los elegidos y vino que hace germinar vírgenes». (Zach. IX-17) Comulga mucho, comulga con fervor y la Comunion te ira haciendo semejante a la virgen, tu Madre Inmaculada, cuando salió de las manos de Dios en el primer instante de su concepción.
jueves, 4 de diciembre de 2014
Comulgando con la Virgen
El eterno Padre extiende su brazo omnipotente en las sombras espesas de la nada. De su mano brota una catarata de luz y en medio de ella aparece la Virgen tan limpia, tan hermosa, que los ángeles vuelan a mirarla y quedan extasiados contemplándola.
Iº Más limpia que la patena María está destinada por Dios para Madre Suya. ¿Cómo la prepara?
Ante todo la hace muy limpia; libre de todo pecado, hasta del pecado original. Los vasos sagrados destinados a guardar y sostener el cuerpo de Jesucristo han de estar muy limpios: el cáliz, el copón, la patena.
Aun cuando estén siempre limpios el cáliz y la patena, todavía el sacerdote, momentos antes de poner en ellos el pan y el vino que han de convertirse en el cuerpo y la sangre de Jesús, pasa por ellos el purificador, para quitar hasta las más ligeras motitas.
¡Cuánta limpieza quiere Jesús! María estaba destinada a ser patena. En sus brazos y en su regazo descansaría innumerables veces Jesús, niño pequeñito. Estaba destinada a ser cáliz y copón. En su seno virginal viviría nueve meses el Verbo de Dios hecho carne, de la carne misma de la Virgen.
Por eso hace Dios a Su Madre limpísima: es la Inmaculada. Tú también estás destinado a ser patena del cuerpo de Jesucristo. Él quiere que comulgues, y cuando te acercas a comulgar, el sacerdote deposita en tu lengua y en tu corazón el cuerpo de Jesucristo. Tu alma tiene que estar muy limpia como el cáliz y la patena, lo más parecida al alma de la Virgen.
Jamás te acerques a comulgar en pecado mortal. Eso sería arrojar el cuerpo de Jesús a un muladar.
Aunque no tengas pecado mortal, tendrás alguna falta venial, alguna imperfección; limpia tu alma de toda mancha moral antes de recibir a Jesús, como el Sacerdote limpia con el purificador el cáliz y la patena. Purificador del alma, es el agua bendita que tomas al entrar en la Iglesia; con ella se perdonan los pecados veniales. Purificador del alma, es el acto de contrición que debes rezar con toda sinceridad y con todo el afecto de tu corazón antes de comulgar. Los vasos destinados a contener la Eucaristía estan consagrados por el Obispo; por eso no pueden dedicarse a usos profanos.
Su profanación le desagrada mucho a Dios. Por eso castigó severamente al Rey Baltasar. Estaba Baltasar en un banquete y mandó traer los vasos de oro y de plata que su padre Nabucodonosor había robado del templo de Jerusalén, y mientras el rey profanaba los vasos sagrados una mano misteriosa escribió en la pared el castigo de Dios: el término de su reinado.
María destinada a ser depositaria del cuerpo de Jesús y Madre suya, tambien estuvo consagrada completamente a Dios. Se entregó a El luego que tuvo uso de razón y muy pronto hizo voto de virginidad perpetua.
María estuvo siempre apartada de las vanidades del mundo. Fue toda de Dios. El cristiano destinado a ser depositario del cuerpo y de la sangre de Jesús tambien está consagrado al servicio de Dios. Lo es cuando recibe el bautismo, cuando el sacerdote arroja de su alma al demonio para que venga a vivir en ella el Espíritu Santo; cuando unge su cuerpo con el óleo santo, y le marca con la señal de la cruz; cuando en su alma queda impreso el carácter bautismal, indeleble que le separa del paganismo y le hace discípulo de Jesús.
Así queda preparado el cristiano para ser patena y copón de la Eucaristía. No profanes tu cuerpo y tu alma. Después de comulgar no vayas a diversiones donde te manches con el pecado. Terminando el santo sacrificio de la misa, los vasos sagrados se guardan en un estuche para que no se manchen y puedan utilizarse al día siguiente.
Tú que comulgas todos los días, vive recogido, apartado de las ocasiones de pecado. No seas de los que comulgan por la mañana y pecan y escandalizan por la noche. Eso es profanar tu cuerpo y tu alma, patena y copón de la Eucaristía. Dios puede cansarse de tus profanaciones y enviarte el castigo.
Los orfebres derrochan arte para construir las custodias. Es que la custodia está destinada a exponer a la veneración el cuerpo de Jesús sacramentado.
2º La Virgen estaba destinada a ser custodia que sostuviera a Jesús niño y presentarle a la veneración. La noche de Belén es fiesta de exposición mayor. Los ángeles cantan al Hijo de Dios hecho niño. Los pastores le adoran de rodillas y la Virgen le sostiene en su regazo. Ella le presenta tambien a los magos mientras le adoran y le ofrecen sus dones. La Virgen fue custodia en la que saldría en procesión muchas veces el Hijo de Dios.
Procesiones del Corpus Christi fueron: el viaje de la Virgen al templo de Jerusalén para presentar a su Hijo a los cuarenta días de nacido: y el que hizo desde Belén a Egipto a través del desierto. Y en esas procesiones, la custodia fue la Santísima Virgen. Si los hombres emplean tantas riquezas en adornar las custodias muertas, ¿qué derroche de riquezas sobrenaturales haría Dios para construir la custodia de la Virgen, su Madre?
El metal más precioso que emplea Dios, es la gracia santificante: María es la llena de gracia.
Los adornos son las virtudes y los dones del Espíritu Santo, tan perfectos como no los ha tenido ningún ser creado.Tantas riquezas y tanto arte sobrenatural empleó Dios en hacer a su Madre, que la misma Virgen María, humildísima exclamó: ha hecho en mí cosas grandes el que es Omnipotente. Alma mía, engrandece al Señor. Tambien tú estás destinado a ser custodia viva de Jesús sacramentado.
Siempre que comulgas le tienes en tu corazón. En procesión le llevas cuando vas del comulgatorio a tu puesto. En procesión debes llevarle y exponerle a la veneración de todos cuando sales del templo; porque en todas partes debes irradiar a ese Jesús que recibes en la Eucaristía.
Que todos vean en ti la transformación que obra Jesús sacramentado en las almas. Que nunca digan de ti: y para eso comulgas…
Si eres custodia viva, tienes que estar adornado con todas las virtudes teologales y cardinales y debes prepararte para la Comunion con actos de todas esas virtudes de fe, de confianza, de humildad. Tienes que adornar tu alma con los zafiros de la oracion y con los rubíes del sacrificio, y tu cuerpo con la pureza, la modestia y el pudor. Que seas trono digno donde se siente Jesús. Trono rico en virtudes, parecido a la Virgen, tu Madre.
2 º El oro es el símbolo del amor, de la caridad. Esa es la virtud más preciosa, la que más estima Dios; eso es lo que pide a los hombres: amor. Amaras al Señor tu Dios, con todo tu corazón. El Espíritu Santo que vive en las almas, difunde en ellas esta virtud tan querida de Dios, podríamos decir que dora las almas con el oro de la caridad.
Qué bien doraría el Espíritu Santo el alma de la Virgen para que fuera patena y custodia de Jesús.
La caridad acompaña a la gracia santificante, y si la Virgen estuvo llena de gracia, tuvo que estar llena de caridad. Su amor a Dios superaba al de los más ardientes serafines; por eso era tan fiel cumplidora de la voluntad divina; porque la verdadera caridad debe traducirse en obras del servicio de Dios.
3 º Cuando te acercas a comulgar ¿llevas mucho amor a Dios en tu alma? Si tienes la gracia santificante tienes la virtud de la caridad; pero bien pudiera suceder que el oro de esa caridad estuviera muy desvaído.
Antes de acercarte a comulgar aviva la caridad con actos muy fervientes de amor a Jesucristo; y despues de comulgar, que tu caridad se manifieste en el cumplimiento fiel de la voluntad divina y en amar a todos los hombres como hermanos; pues el que ama a Dios ama necesariamente a los hombres, imágenes de Dios e hijos de Dios.
Prepárate para comulgar imitando a la Virgen Inmaculada a quien Dios preparo para que fuera su Madre: limpieza de alma, adornos de virtudes, oro puro de amor a Jesucristo.

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