"POR LA CONVERSION DE LOS INFIELES"

¡Dios te salve, María, Virgen y Madre de Dios! Aunque miserable pecador, vengo con la mayor confianza a postrarme a vuestros pies santísimos, bien persuadido de ser por ti socorrido de que eres la que, con tu gracia y protección poderosa, alcanzas al género humano todas las gracias del Señor. Y si estas suplicas no bastaran pongo por medianeros y abogados a los nueve coros de los Ángeles, a los Patriarcas, y Profetas, a los Apóstoles y Evangelistas, a los Mártires, Pontífices y Confesores; a las Vírgenes y Viudas; a todos los Santos del Cielo en especial al Cura de Ars, Santa Filomena, San Francisco de Asís, San Benito y justos de la tierra. Cuiden de esta página y de lo que aquí se publica para el beneficio de los fieles de la Iglesia Católica; con el único fin de propagar la fe. Que, esta página sea, Para Mayor Gloria de Dios.

domingo, 7 de julio de 2019

Comulga con la Virgen



MEDITACION I
DIOS PREPARA A SU MADRE

ESCENA: el cuadro de la inmaculada pintado por Ribera.
El Eterno Padre extiende su brazo omnipotente en las sombras espesas de la nada.  De su mano brota una catarata de luz y en medio de ella aparece la Virgen tan limpia, tan hermosa, que los ángeles vuelan a mirarla y quedan extasiados contemplándola.

I.                 Mas limpia que la patena
1.—María esta destinada por Dios para Madre Suya. ¿Cómo la prepara?  Ante todo, la hace muy limpia; libre de todo pecado, hasta del pecado original.   Los vasos sagrados destinados a guardar y sostener el cuerpo de Jesucristo han de estar muy limpios:  el cáliz, el copón, la patena.  Aun cuando estén siempre limpios el cáliz y la patena.  La patena ha llegado a ser símbolo de limpieza: está limpio como una patena.  Aun cuando estén siempre limpios el cáliz y la patena, todavía el sacerdote, momentos antes de poner en ellos el pan y el vino que han de convertirse en el cuerpo y la sangre de Jesús, pasas por ellos el purificador, para quitar hasta las más ligeras motitas.
¡Cuanta limpieza quiere Jesús! María estaba destinada a ser patena.  En sus brazos y en su regazo descansaría innumerables veces Jesús, niño pequeñito. Estaba destinada a ser cáliz y copón.  En su seno virginal viviría nueve meses el Verbo de Dios hecho carne, de la carne misma de la Virgen.  Por eso hace Dios a su Madre limpísima:  es la inmaculada.

2.—Tu tambien estas destinado a ser patena del cuerpo de Jesucristo.  El quiere que comulgues, y cuando te acercas a comulgar, el sacerdote deposita en tu lengua y en tu corazón el cuerpo de Jesucristo.  Tu alma tiene que estar muy limpia como el cáliz y la patena, lo mas parecida al alma de la Virgen.  Jamás te acerques a comulgar en pecado mortal.  Eso seria arrojar el cuerpo de Jesús a un muladar.  Aunque no tengas pecado mortal, tendrás alguna falta venial, alguna imperfección; limpia tu alma de toda mancha moral antes de recibir a Jesús, como el sacerdote limpia con el purificador el cáliz y la patena.
Purificador del alma, es el agua bendita que tomas al entrar en la iglesia; con ella se perdonan los pecados veniales. Purificador del alma, es el acto de contrición que debes rezar con toda sinceridad y con todo el afecto de tu corazón antes de comulgar.

3— los vasos destinados a contener la Eucaristía estan consagrados por el Obispo; por eso no pueden dedicarse a usos profanos.  Su profanación le desagrada mucho a Dios.  Estaba Baltasar en un banquete y mando traer los vasos de oro y de plata que su padre Nabucodonosor había robado del templo de Jerusalén, y mientras el rey profanaba los vasos sagrados una mano misteriosa escribió en la pared el castigo de Dios:  el termino su reinado María destinada a ser depositaria del cuerpo de Jesús Y Madre suya, tambien estuvo consagrada completamente a Dios.  se entrego a El luego que tuvo uso de razón y muy pronto hizo voto de virginidad perpetua.

María destinada a ser depositaria del cuerpo de Jesús y Madre Suya, tambien estuvo consagrada completamente a Dios.  Se entrego a el luego que tuvo uso de razón y muy pronto hizo voto de virginidad perpetua.  María estuvo siempre apartada de las vanidades del mundo.  Fue toda de Dios.  El cristiano destinado a ser depositario del cuerpo y de la sangre de Jesús tambien esta consagrado al servicio de Dios.  Lo es cuando recibe el bautismo, cuando el sacerdote arroja de su alma al demonio paraqué venga a vivir en ella el Espíritu Santo; cuando unge su cuerpo con el oleo santo y le marca con la señal de la cruz; cuando en su alma queda impreso el carácter bautismal, indeleble que le separa del paganismo y le hace discípulo de Jesús. 

Asi queda preparado el cristiano para ser patena y copón de la Eucaristía.  No profanes tu cuerpo y tu alma.  Despues de comulgar no vayas a diversiones donde te manches con el pecado.  Terminado el santo sacrificio de la misa, los vasos sagrados se guardan en un estuche para que no se manchen y puedan utilizarse al día siguiente.  Tu que comulgas todos los días, vive recogido, apartado de las ocasiones de pecado.  No seas de los que comulgan por la mañana y pecan y escandalizan por la noche.  Eso es profanar tu cuerpo y tu alma, patena y copón de la Eucaristía.  Dios puede cansarse de tus profanaciones y enviarte el castigo.




domingo, 3 de abril de 2016

EL PRIMER HOMBRE Y LA PRIMERA MUJER

EL PRIMER HOMBRE
Y LA PRIMERA MUJER


Dios creó la primera pareja humana: el hombre la mujer, que Él destino a completarse mutuamente.  En los dos sexos unidos ha realizado el Creador el ideal de la humanidad.
          Cada sexo tiene sus características; unidos verifican adecuadamente la noción de hombre.
          Dios ha asignado al hombre el trabajo vigoroso que exige firmeza y energía.  Su voluntad es fuerte, su carácter inquebrantable; en sus resoluciones es constante.  Experimenta un gozo intenso en el ejercicio completo de sus facultades en la lucha por la vida.  Pronto veríamos arruinado el organismo de la mujer si con sus fatigas hubiera de ganar el pan de cada día.
          Su misión es el velar por la familia, el emplear su afecto sin límites en la educación de sus hijos y regocijar con una sonrisa la frente preocupada del marido al volver de su trabajo.  Su fuerza no igual a la del hombre, pero es en cambio más paciente y perseverante.
          Dios ha realizado el ideal de la humanidad al crear al hombre y la mujer.  Los atractivos incomparables de la vida de familia, el amor conyugal, el cariño de los hijos, aun el patriotismo, tienen su fundamento en la distinción de los dos sexos.
          El mundo tiene necesidad del hombre, tiene necesidad de la mujer. Necesita la fuerza del primero y la ternura de la segunda.  Necesita la tenaz energía del hombre y el afecto, la belleza, la sensibilidad de la mujer.  He ahí la razón por la cual Dios colocó en el paraíso terrenal la primera mujer al lado del primer hombre.

Dr. Toth Tihamer



viernes, 1 de abril de 2016

LOS PLANES DEL CREADOR



“Dios creo al hombre a su imagen:
Lo creo a la imagen de Dios;
Lo creo hombre y mujer.  Y los bendijo
 Y les dijo: sed fecundos, multiplicaos,
Poblad la tierra”

(Gen. 1,1-27-28)


Hacia millares de años que la tierra continuaba su caminito alrededor del sol.  En su seno bullía aun la ardiente lava.  De vez en cuando se abría su corteza, que se iba endureciendo, pero el enfriamiento estaba casi acabado.
          Las vastas selvas cubrían la tierra.  La primavera exhibía sus deslumbrantes riquezas, los pájaros cantaban con el viento. Todo anunciaba la vida, la fuerza, la energía dispuesta a la acción.
          Un ser faltaba aún.
          Para él cantaba el turpial, para él la flor exhalaba su perfume, para él producía el árbol sus frutos.
          Un solo ser faltaba.

          Un solo ser que, dotado de inteligencia y consiente de sus acciones, pudiera encerrar en su alma, ávida de infinito, todas esas bellezas, todas esas magnificencias; un solo ser que, no contento con ser una voz en medio del gran concierto de la naturaleza, consagrara sus facultades superiores a interpretar los trinos de las aves, el murmullo de los torrentes, el perfume de las flores, el cuchicheo de los bosques, el gemido de los vientos, la grande majestad de las montañas; un solo ser que pudiera ofrecer al Creador su alma repleta de las claridades de la creación, semejante a un cantico de eterna gratitud. 

Dr. Toth Tihamer

lunes, 21 de marzo de 2016




LOS DOCE, GRADOS DEL SILENCIO
Sor Amada de Jesús
La vida interior podría consistir en esta sola palabra

¡Silencio! El silencio prepara los santos; él los comienza, los continúa y, los acaba. Dios, que es eterno, no dice más que una sola palabra, que es el Verbo. Del mismo modo, sería deseable que todas nuestras palabras digan Jesús directa o indirectamente. Esta palabra: silencio ¡cuán hermosa es!

1° Hablar poco a las creaturas y mucho a Dios

Este es el primer paso, pero indispensable, en las vías solitarias del silencio. En esta escuela es donde se enseñan los elementos que disponen a la unión divina. Aquí el alma estudia v profundiza esta vírtud, en el espíritu del Evangelio, en el espíritu de la Regla que abrazó, respetando los lugares consagrados las personas, y sobre todo esta lengua en que tan a menudo descansa el Verbo o la Palabra del Padre, el Verbo hecho carne. Silencio al mundo, silencio a las noticias, silencio con las almas más justas: la voz de un Angel turbó a María...

2° Silencio en el trabajo, en los movimientos

Silencio en el porte, silencio de los ojos, de tos oídos, de la voz; silencio de todo el ser exterior, que prepara al alma a pasar a Dios. El alma merece tanto como puede, por estos primeros esfuerzos en escuchar la voz del Señor. ¡Qué bien recompensado es este primer paso!
Dios la llama al desierto, y por eso.; en este segundo estado, el alma aparta todo lo que podría distraerla; se aleja del ruido, y huye sola hacia Aquél que solo es. Allí ella saboreará las primicias de la unión divina y el celo de su Dios. Es el silencio del recogimiento, o el recogimiento en el silencio.

3° Silencio de la imaginación

Esta facultad es la primera en llamar a la puerta cerrada, del jardín del Esposo; con ella vienen las emociones ajenas, las vagas impresiones, las tristezas. Pero en este lugar retirado, el alma dará al Bien Amado pruebas de su amor. Presentará a esta potencia, que no puede ser destruida, las bellezas del cielo, los encantos de su Señor, las escenas del Calvario, las perfecciones de su Dios. Entonces, también ella permanecerá en el silencio, y será la sirvienta silenciosa del Amor divino.

4° Silencio de la memoria

Silencio al pasado... olvido. Hay que saturar esta facultad con el recuerdo de las misericordias de Dios... Es el agradecimiento en el silencio, es el silencio de la acción de gracias.

5° Silencio a las creaturas

¡Oh, miseria de nuestra condición presente! A menudo el alma, atenta a sí misma, se sorprende conversando interiormente con las creaturas, respondiendo en su nombre. ¡Oh, humillación que hizo gemir a los santos! En ese momento esta alma debe retirarse dulcemente a las más íntimas profundidades de este lugar escondido, donde descansa la Majestad inaccesible del Santo de los santos, y donde Jesús, su consolador v su Dios, se descubrirá a ella, le revelará sus secretos, v le hará probar la bienaventuranza futura. Entonces le dará un amargo disgusto para todo lo que no es El, y todo lo que es de la tierra. dejará poco a poco de distraerla.

6° Silencio del corazón

Si la lengua está muda, si los sentidos se encuentran en la calma, si la imaginación, la memoria y las creaturas se callan y hacen silencio, si no alrededor, si al menos en lo íntimo de esta alma de esposa, el corazón hará poco ruido. Silencio de los afectos, de las antipatías, silencio de los deseos en lo que tienen de demasiado ardiente, silencio del celo en lo que tiene de indiscreto; silencio del fervor en lo que tiene de exagerado: silencio hasta en los suspiros... Silencio del amor en lo que tiene de exaltado, no de esa exaltación de que Dios es autor, sino de aquella en que se mezcla la naturaleza. El silencio del amor, es el amor en el silencio...
Es el silencio ante Dios, suma belleza, bondad, perfección... Silencio que no tiene nada de molesto, de forzado; este silencio no daña a la ternura, al vigor de este amor, de modo semejante a como el reconocimiento de las faltas no daña tampoco al silencio de la humildad, ni el batir de las alas de los ángeles de que habla el profeta al silencio de su obediencia, ni el Fiat al silencio de Getsemaní, ni el Sanctus eterno al silencio de los serafines...
Un corazón en el silencio es un corazón de virgen, es una melodía para el corazón de Dios. La lámpara se consume sin ruido ante el Sagrario, y el incienso sube en silencio hasta el trono del Salvador: así es el silencio del amor. En los grados precedentes, el silencio era todavía la queja de la tierra; en éste el alma, a causa de su pureza, empieza a aprender la primera nota de este cántico sagrado que es el cántico de los cielos.

7° Silencio de la naturaleza, del amor propio

Silencio a la vista de la propia corrupción, de la propia incapacidad. Silencio del alma que se complace en su bajeza. Silencio a las alabanzas, a la estima. Silencio ante los desprecios, las preferencias, las murmuraciones; es el silencio de la dulzura y de la humildad. Silencio de la naturaleza ante las alegrías o los placeres. La flor se abre en silencio y su perfume alaba en silencio al creador: el alma interior debe hacer lo mismo. Silencio de la naturaleza en la pena o en la contradicción. Silencio en los ayunos, en las vigilias, en las fatigas, en el frío y el calor. Silencio en la salud, en la enfermedad, en la privación de todas las cosas: es el silencio elocuente de la verdadera pobreza y de la penitencia; es el silencio tan amable de la muerte a todo lo creado y humano. Es el silencio del yo humano transformándose en el querer divino. Los estremecimientos de la naturaleza no podrían turbar este silencio, porque está por encima de la naturaleza.

8° Silencio del espíritu

Hacer callar los pensamientos inútiles, los pensamientos agradables y naturales; sólo éstos dañan al silencio del espíritu, y, no el pensamiento en sí mismo, que no puede dejar de existir. ¡Nuestro espíritu quiere la verdad, y nosotros le damos la mentira! ¡Ahora bien, la verdad esencial es Dios! ¡Dios basta a su propia inteligencia divina, y no basta a la pobre inteligencia humana!
Por lo que mira a una contemplación de Dios sostenida, inmediata, no es posible en la debilidad de la carne, a no ser que Dios conceda un puro don de su bondad; pero el silencio en los ejercicios propios del espíritu consiste; en relación a la fe, en contentarse con su luz oscura. Silencio a los razonamientos sutiles que debilitan la voluntad v disecan el amor. Silencio en la intención: pureza, simplicidad; silencio a las búsquedas personales; en la meditación, silencio a la curiosidad; en la oración, silencio a las propias operaciones, que no hacen más que obstaculizar la obra de Dios. Silencio al orgullo que se busca en todo, siempre y en todas partes; que quiere lo bello, el bien, lo sublime; es el silencio de la santa simplicidad; del desprendí-miento total de la rectitud.
Un espíritu que combate contra tales enemigos es semejante a esos ángeles que ven sin cesar la Faz de Dios. Esta es la inteligencia, siempre en el silencio, que Dios eleva hasta sí.

9° Silencio del juicio

Silencio cuanto a las personas, silencio cuanto a las cosas. No juzgar, no dejar ver la propia opinión. No tener opinión a veces, es decir, ceder con simplicidad, si nada se opone a ello por prudencia o por caridad. Es el silencio de la bienaventurada. y santa infancia, es el silencio de los perfectos, el silencio de los ángeles y de los arcángeles, cuando siguen las órdenes de Dios. ¡Es el silencio del Verbo encarnado!

10° Silencio de la voluntad

El silencio a los mandamientos, el silencio a las santas leyes de la regia, no es, por decirlo así, más que el silencio exterior de la propia. Voluntad. El Señor tiene algo que enseñarnos de mas profundo y de más difícil: el silencio del esclavo bajo los golpes de su amo. Pero ¡feliz esclavo, pues el Amo es Dios! Este silencio es el de la víctima sobre el altar, es el silencio del cordero que es despojado de su vellocino, es el silencio en las tinieblas, silencio que impide pedir la luz, al menos la que alegra. Es el silencio en las angustias del corazón, en los dolores del alma.; el silencio de un alma que se vio favorecida por su Dios, y que, sintiéndose rechazada por El; no pronuncia ni siquiera estas palabras: ¿Por qué? ¿Hasta cuándo? Es el silencio en el abandono, el silencio bajo la severidad de la mirarla de Dios, bajo el peso de su mano divina; el silencio sin otra queja que la del amor. Es el silencio de la crucifixión, es más que el silencio de los mártires, es el silencio de la agonía de Jesucristo. Si, este silencio es su divino silencio, y nada es comparable a su voz, nada resiste a su oración, nada es más digno de Dios que esta clase de alabanza en el dolor, que este Fiat en el lagar; que este silencio en el trabajo de la muerte.
Mientras esta voluntad humilde y libre, verdadero holocausto de amor, se destroza v se destruye para la gloria del nombre de Dios, Él la transforma en su voluntad divina. Entonces ¿qué falta para su perfección? ¿Qué se requiere todavía para la unión? ¿Qué falta para que Cristo sea acabado en esta alma? Dos cosas: la primera es el último suspiro del ser humano, la segunda es una dulce atención al Bien Amado cuyo beso divino es la inefable recompensa.

11° Silencio consigo mismo

No hablarse interiormente, no escucharse, no quejarse ni consolarse. En una palabra, callarse consigo mismo, olvidarse asi mismo, dejarse solo, completamente solo con Dios; huirse, separarse de sí mismo. Este es el silencio más difícil, y sin embargo es esencial para unirse a Dios tan perfectamente como pueda hacerlo una pobre creatura, que, con la gracia, llega a menudo hasta aquí, pero se detiene en este grado, porque no lo comprende y lo practica menos aún. Es el silencio de la nada. Es más heroico que el silencio de la muerte.

12° Silencio con Dios

Al comienzo Dios decía al alma: "Habla poco a las creaturas y mucho conmigo”. Aquí le dice. "No me hables más”. El silencio con Dios es adherirse a Dios, presentarse y exponerse ante Dios, ofrecerse a Él, aniquilarse ante El, adorarlo, amarlo, escucharlo, oírlo, descansar en El. Es el silencio de la eternidad; es la unión del alma con Dios.