"POR LA CONVERSION DE LOS INFIELES"

¡Dios te salve, María, Virgen y Madre de Dios! Aunque miserable pecador, vengo con la mayor confianza a postrarme a vuestros pies santísimos, bien persuadido de ser por ti socorrido de que eres la que, con tu gracia y protección poderosa, alcanzas al género humano todas las gracias del Señor. Y si estas suplicas no bastaran pongo por medianeros y abogados a los nueve coros de los Ángeles, a los Patriarcas, y Profetas, a los Apóstoles y Evangelistas, a los Mártires, Pontífices y Confesores; a las Vírgenes y Viudas; a todos los Santos del Cielo en especial al Cura de Ars, Santa Filomena, San Francisco de Asís, San Benito y justos de la tierra. Cuiden de esta página y de lo que aquí se publica para el beneficio de los fieles de la Iglesia Católica; con el único fin de propagar la fe. Que, esta página sea, Para Mayor Gloria de Dios.

jueves, 21 de enero de 2010

¡Dame un ejército rezando el Santo Rosario y conquistare el Mundo!
Cuando el alma quisiera decir tantas cosas
y no puede más que guardar silencio…
Entonces es tiempo de acudir a nuestra Madre
para que sea Ella, quien hable y diga lo que nuestra alma no puede decir…





Se unen para Ofrecer un Ramillete de 10,000 Rosarios a nuestra Madre del Cielo en favor de todas las intenciones Espirituales y Corporales de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted Obispo de Phoenix.

Especialmente para manifestarle nuestro agradecimiento a toda su Bondad al concedernos la alegría de vivir nuestra Fe, como verdaderos hijos y herederos del Padre Celestial. Igualmente pediremos 10 Misas Tridentinas por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted Obispo de Phoenix.

Todas estas Santas Misas se ofrecerán en Santa Catalina de Siena a la 5:30 pm

02/08/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona

02/10/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona

02/12/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona

02/22/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona

03/01/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona

03/03/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona

03/08/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona

03/10/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona

03/15/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona

03/19/10 Por las intenciones de Nuestro Reverendísimo Thomas J. Olmsted
Obispo de Phoenix, Arizona


No tengan Miedo... estas eran las palabras de Juan Pablo II pidamos a nuestra Madre; Ella, Nuestra Madre la poseedora de todas las gracias; nos escuchara.


¡Dame un ejército rezando el Santo Rosario y conquistare el Mundo!

Papa Pio IX


Jesús dijo a sus discípulos: Pidan y se les dará, (Mateo 7:7-12) eso es lo que nos propone, la necesidad de orar para obtener favores del cielo. Les invitamos a unirse a nuestra Ofrenda de Amor

• Por más Sacerdotes Santos
• Por la Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María
• Por más Vocaciones Sacerdotales
• Por más Obispos Santos
• Por más Familias Cristianas
• Por un Sí, a La Vida
• Por un Si, al verdadero Matrimonio cristiano
• Por un Sí, a la vida Sacramental

• No, Al Aborto
• No, Al Matrimonio falso entre el mismo sexo
• No al Racismo
• No, a la indiferencia
• No, a la eutanasia
• No, a la falsa fe

Que nuestra vida cotidiana sea un testimonio de nuestra fe a través de una vida Sacramental que junto con la piedad, y la devoción muestren al mundo entero cuanto amamos a Jesús.


"Pidamos que así como asistió al Santo Papa Pio V en el milagro de Lepanto, Así también a nosotros nos asista en estos momentos de tribulación para nuestra Iglesia"

Para Dios nada es imposible Él será quien colme de eternas bendiciones a nuestro Obispo, nuestra Diócesis, Nuestros Sacerdotes y nuestras familias.

¡Es tiempo de acudir a nuestra Madre!

Ya hemos tenido muchas advertencias por ahora mencionare dos una en Nuestra Virgen de la Salette y en Nuestra Virgen de Fátima. (para mas información de estas apariciones presionen en los nombres de la virgen)


Les doy mil gracias por su atención al recibir esta suplica, tengo plena confianza que todos movidos por el Espíritu Santo pediremos por estas intenciones para el beneficio de nuestras familias cristianas, especialmente por la salvación de nuestras almas.

Que Dios nuestro Señor lleno de Misericordia y María Santísima les bendiga a todos ustedes y a sus apreciables familias.


Atte. Comunidad de Santa Catalina de Siena,



P.D. ¿Quién es ofrenda de amor? (somos madres, Padres, esposas, esposos, hombres y mujeres, niños y jóvenes con un mismo anhelo, con una misma Fe ,con un mismo amor.)

Si alguno de ustedes le gustaría comprometerse a rezar cierto número de rosarios por esta intención por favor mándenme un correo electrónico con su información para ponerla en esta ofrenda de amor a María Santísima. O si lo prefieren a forma de comentario con este formulario.

Ofrenda de Amor

10,000 Rosarios A María Santísima

En favor de todas las intenciones Espirituales y Corporales de Nuestro
Reverendísimo Thomas. J. Olmsted Obispo de Phoenix, Arizona.


Yo, _____________________me comprometo a rezar___________
de Rosarios_________________________________

Nombre de Parroquia (o grupo) _______________________________

martes, 19 de enero de 2010

San Pío V
Sumo Pontífice
(1572)

Es interesante el mensaje que el Pontífice envió felicitando
a los ejércitos vencedores. Dice así:
"No fueron las técnicas, no fueron las armas,
las que nos consiguieron la victoria.
Fue la intercesión de la Santísima
Virgen María, Madre de Dios".

Oracion


En este tiempo de tanta proliferación de protestantismo por todas partes, que este valiente defensor de la Iglesia ruegue por nosotros.
"Si tu haces algo por la Virgen María, la Virgen hará mucho por ti"

Historia

Pío significa: el piadoso que cumple bien sus deberes con Dios. Se llama Quinto, porque antes de él hubo otros cuatro Pontífices que llevaron el nombre de Pío.
Nació en un pueblo llamado Bosco, en Italia, en 1504. Sus padres eran muy piadosos pero muy pobres. Aunque era un niño muy inteligente, sin embargo hasta los 14 años tuvo que dedicarse a cuidar ovejas en el campo, porque los papás no tenían con qué costearle estudios. Pero la vida retirada en la soledad del campo le sirvió mucho para dedicarse a la piedad y a la meditación, y la gran pobreza de la familia le fue muy útil para adquirir gran fortaleza para soportar los sufrimientos de la vida. Más tarde será también Pastor de toda la Iglesia.


Una familia rica notó que su hijo Antonio se comportaba mejor desde que era amigo de nuestro santo, y entonces dispuso costearle los estudios para que acompañaran a Antonio y le ayudara a ser mejor. Y así pudo ir a estudiar con los Padres Dominicos y llegar a ser religiosos de esa comunidad. Nunca olvidará el futuro Pontífice este gran favor de tan generosa familia. En la comunidad le fueron dando cargos de muchos importancia: Maestro de novicios, Superior de varios conventos. Y muy pronto el Sumo Padre, el Papa, lo nombró obispo. Tenía especiales cualidades para gobernar.
Como el protestantismo estaba invadiendo todas las regiones y amenazaba con quitarle la verdadera fe a muchísimos católicos, el Papa nombró a nuestro santo como encargado de la asociación que en Italia defendía a la verdadera religión. Y él, viajando casi siempre a pie y con gran pobreza, fue visitando pueblos y ciudades, previniendo a los católicos contra los errores de los evangélicos y luteranos, y oponiéndose fuertemente a todos los que querían atacar nuestra religión. Muchas veces estuvo en peligro de ser asesinado, pero nunca se dejaba vencer por el temor. Con los de buena voluntad era sumamente bondadoso y generoso, pero para con los herejes demostraba su gran ciencia y sus dotes oratorias y los iba confundiendo y alejando, en los sitios a donde llegaba.


El Papa, para premiarles sus valiosos servicios y para tenerlo cerca de él como colaborador en Roma, lo nombró Cardenal y encargado de dirigir toda la lucha en la Iglesia Católica en defensa de la fe y contra los errores de los protestantes.
Al morir el Papa Pío IV, San Carlos Borromeo les dijo a los demás cardenales que el candidato más apropiados para ser elegido Papa era este santo cardenal. Y lo eligieron y tomó el nombre de Pío Quinto. Antes se llamaba Antonio Chislieri.

Antes se acostumbraba que al posesionarse del cargo un nuevo Pontífice, se diera un gran banquete a los embajadores y a los jefes políticos y militares de Roma. Pío Quinto ordenó que todo lo que se iba a gastar en ese banquete, se empleará en darles ayudas a los pobres y en llevar remedios para los enfermos más necesitados de los hospitales.

Cuando recién posesionado, iba en procesión por Roma, vio en una calle al antiguo amigo Antonio, aquel cuyos papás le habían costeado a él los estudios y lo llamó y lo nombró gobernador del Castillo Santángelo, que era el cuartel del Papa. La gente se admiró al saber que el nuevo Pontífice había sido un niño muy pobre y comentaban que había llegado al más alto cargo en la Iglesia, siendo de una de las familias más pobres del país.

Pío Quinto parecía un verdadero monje en su modo de vivir, de rezar y de mortificarse. Comía muy poco. Pasaba muchas horas rezando. Tenía tres devociones preferidas La Eucaristía (celebraba la Misa con gran fervor y pasaba largos ratos de rodillas ante el Santo Sacramento) El Rosario, que recomendaba a todos los que podía. Y la Santísima Virgen por la cual sentía una gran devoción y mucha confianza y de quién obtuvo maravillosos favores.

Las gentes comentaban admiradas: - Este sí que era el Papa que la gente necesitaba". Lo primero que ordenó fue que todo obispo y que todo párroco debía vivir en el sitio para donde habían sido nombrados (Porque había la dañosa costumbre de que se iban a vivir a las ciudades y descuidaban la diócesis o la parroquia para la cual los habían nombrado). Prohibió la pornografía. Hizo perseguir y poner presos a los centenares de bandoleros que atracaban a la gente en los alrededores de Roma. Visitaba frecuentemente hospitales y casas de pobres para ayudar a los necesitados. Puso tal orden en Roma que los enemigos le decían que él quería convertir a Roma en un monasterio, pero los amigos proclamaban que en 300 años no había habido un Papa tan santo como él. Las gentes obedecían sus leyes porque le profesaban una gran veneración.

En las procesiones con el Santísimo Sacramento los fieles se admiraban al verlo llevar la custodia, con los ojos fijos en la Santa Hostia, y recorriendo a pie las calles de Roma con gran piedad y devoción. Parecía estar viendo a Nuestro Señor.
Publicó un Nuevo Misal y una nueva edición de La Liturgia de Las Horas, o sea los 150 Salmos que los sacerdotes deben rezar. Publicó también un Catecismo Universal. Dio gran importancia a la enseñanza de las doctrinas de Santo Tomás de Aquino en los seminarios, porque por no haber aprendido esas enseñanzas muchos sacerdotes se habían vuelto protestantes.

Aunque era flaco, calvo, de barba muy blanca y bastante pálido las gentes comentaban: "El Papa tiene energías para diez años y planes de reformas para mil años más".

Los mahometanos amenazaban con invadir a toda Europa y acabar con la Religión Católica. Venían desde Turquía destruyendo a sangre y fuego todas las poblaciones católicas que encontraban. Y anunciaron que convertirían la Basílica de San Pedro en pesebrera para sus caballos. Ningún rey se atrevía a salir a combatirlos.

Pío Quinto con la energía y el valor que el caracterizaban, impulsó y buscó insistentemente la ayuda de los jefes más importantes de Europa. Por su cuenta organizó una gran armada con barcos dotados de lo mejor que en aquel tiempo se podía desear para una batalla. Obtuvo que la república de Venecia le enviara todos sus barcos de guerra y que el rey de España Felipe II le colaborar con todas sus naves de combate. Y así organizó una gran flota para ir a detener a los turcos que venían a tratar de destruir la religión de Cristo. Y con su bendición los envió a combatir en defensa de la religión.

Puso como condición para estar seguros de obtener de Dios la victoria, que todos los combatientes deberían ir bien confesados y habiendo comulgado. Hizo llegar una gran cantidad de frailes capuchinos, franciscanos y dominicos para confesar a los marineros y antes de zarpar, todos oyeron misa y comulgaron. Mientras ellos iban a combatir en las aguas del mar, el Papa y las gentes piadosas de Roma recorrían las calles, descalzos, rezando el rosario para pedir la victoria.

Los mahometanos los esperaban en el mar lejano con 60 barcos grandes de guerra, 220 barcos medianos, 750 cañones, 34,000 soldados especializados, 13,000 marineros y 43,000 esclavos que iban remando. El ejército del Papa estaba dirigido por don Juan de Austria (hermano del rey de España). Los católicos eran muy inferiores en número a los mahometanos. Los dos ejércitos se encontraron en el golfo de Lepanto, cerca de Grecia.

El Papa Pío Quinto oraba por largos ratos con los brazos en cruz, pidiendo a Dios la victoria de los cristianos. Los jefes de la armada católica hicieron que todos sus soldados rezaran el rosario antes de empezar la batalla. Era el 7 de octubre de 1571 a mediodía. Todos combatían con admirable valor, pero el viento soplaba en dirección contraria a las naves católicas y por eso había que emplear muchas fuerzas remando. Y he aquí que de un momento a otro, misteriosamente el viento cambió de dirección y entonces los católicos, soltando los remos se lanzaron todos al ataque. Uno de esos soldados católicos era Miguel de Cervantes. El que escribió El Quijote.

Don Juan de Austria con los suyos atacó la nave capitana de los mahometanos donde estaba su supremo Almirante, Alí, le dieron muerte a éste e inmediatamente los demás empezaron a retroceder espantados. En pocas horas, quedaron prisioneros 10,000 mahometanos. De sus barcos fueron hundidos 111 y 117 quedaron en poder de los vencedores. 12,000 esclavos que estaban remando en poder de los turcos quedaron libres.

En aquel tiempo las noticias duraban mucho en llegar y Lepanto quedaba muy lejos de Roma. Pero Pío Quinto que estaba tratando asuntos con unos cardenales, de pronto se asomó a la ventana, miró hacia el cielo, y les dijo emocionado: "Dediquémonos a darle gracias a Dios y a la Virgen Santísima, porque hemos conseguido la victoria".

Varios días después llegó desde el lejano Golfo de Lepanto, la noticia del enorme triunfo. El Papa en acción de gracias mandó que cada año se celebre el 7 de octubre la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y que en las letanías se colocara esta oración "María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros" (propagador del título de Auxiliadora fue este Pontífice nacido en un pueblecito llamado Bosco. Más tarde un sacerdote llamado San Juan Bosco, será el propagandista de la devoción a María Auxiliadora).

Pío V murió el 1 de mayo de 1572 a los 68 años de edad y fue declarado santo por el Papa Clemente XI en 1712.

Fuente:EWTN

jueves, 31 de diciembre de 2009

PARA DAR GRACIAS A DIOS AL TERMINAR CADA AÑO


RENOVACI
ÓN

de las promesas hechas en el santo Bautismo que debe hacerse a lo menos una vez al año, en el cumpleaños o a principio de Enero (I)


¡Oh Dios mío! Os doy infinitas gracias por haberme criado a vuestra imagen y semejanza, por haberme reengendrado con el santo Bautismo, por haberme dado en él vuestra gracia, los dones y virtudes del Espíritu Santo, y por haberme hecho hijo de vuestra Iglesia.

En aquel día, para mi tan venturoso, no solo renuncié a Satanás por boca de mi padrino, y a todas sus obras, pompas y vanidades, sino que también hice profesión de creer en un solo Dios, Padre, Hijo Y Espíritu Santo, creer en la Iglesia católica, en la comunión de los santos y en todas las demás verdades por Vos reveladas; y, en fin, resolví entonces vivir y morir en esta creencia y en la observancia de vuestros santos mandamientos.

Pero, ¡ay de mí!, Dios mío, y ¡cuán mal he cumplido tan santas y solemnes promesas! He dado oído a las sugestiones del demonio; he militado bajo las banderas de Satanás; he ido en pos de las pompas del diablo, arrastrado de los placeres y vanidades del mundo; he preferido los honores, riquezas y demás objetos terrenos, a los bienes espirituales y eternos que Vos prometisteis a vuestros hijos. Debiéndoos amar sobre todas las cosas, os he pospuesto a las más viles, y por ellas os he despreciado, pecando. Debiendo vivir para Vos únicamente, y consagraros todos mis pensamientos palabras y obras, he vivido únicamente para mi, y todas las he dirigido a la satisfacción de mis antojos. ¡Ay de mí! ¡He infringido vuestras santas leyes, las de la Iglesia y los deberes de mi estado! Pero, Señor, renuncio de nuevo a todo lo que no sea Vos; desde hoy detesto y abomino todas mis iniquidades; os pido humildemente perdón de todas ellas, y espero que por los meritos de vuestro querido Hijo me las perdonareis.

Dignaos, Dios mío, aceptar la renovación que hago en este día de las promesas que delante de toda la Iglesia hice en el día de mi bautismo, las que intento cumplir con toda exactitud y fidelidad; y al efecto, ahora que tengo mayores conocimientos, digo que renuncio a Satanás, a todas su pompas y a todas sus obras. Jamás prestaré oídos al demonio ni a cosa alguna que con él tenga relación. Pondré cuidado en no dejarme llevar de la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza y mentira; y daré de mano a cuanto sea pecado, porque sé que el pecado es obra de Satanás.

Pondré cuidado en arrancar de mi corazón el amor a las riquezas, honras, pompas y placeres del mundo, porque sé que todo ello no es otra cosa que un lazo con que el demonio, nuestro enemigo, procura prender nuestras almas. Procuraré meditar sobre la vanidad y lo deleznables que son los bienes de este mundo, para que mi corazón esté siempre libre de todo afecto terreno, y sólo ame a Vos, que sois mi centro, mi infinito, eterno e incomprensible bien.

Sí, Señor, sí; quiero vivir y morir en la fe, esperanza y caridad, y en la obediencia y fidelidad que os he prometido. Creo cuanto cree la santa Iglesia católica, apostólica y romana, y repruebo cuanto ella reprueba.

Nunca volveré a poner mi esperanza en las riquezas, honores, hermosura, juventud, ni en otra cosa alguna criada, sino en Vos, Dios mío; sí, en Vos coloco toda mi felicidad; sólo Vos sois el objeto de mi nueva esperanza. Los días que me restan de vida los empleare en amaros y serviros con toda fidelidad y amor.

Quiero amaros, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas; desde hoy os consagro todos mis pensamientos, deseos, palabras y acciones, mi cuerpo, mi alma, mis bienes, cuanto poseo y puedo poseer; y estoy resuelto a no usar de cuanto está en mi poder sino para vuestra mayor honra y gloria y conforme a vuestra santísima voluntad.

Os amo, Dios mío, y os amare siempre más y más, con todo el afecto de mi corazón sin que jamás deje de amaros; ni la vida ni la muerte, ni la esperanza del bien, ni el temor del mal, ni mis amigos ni mis enemigos, ni cosa alguna criada, podrán hacerme faltar a la palabra de fidelidad que acabo de daros, y que renuevo ahora a la faz de los cielos y de la tierra, a quienes pongo por testigos. Con entera sumisión me sujeto a vuestros preceptos, igualmente que a los de todos mis superiores.

Tal es, Señor, mi nueva resolución y voluntad, en la que deseo vivir y morir; y siendo Vos el autor de ella, espero que me auxiliareis con vuestra gracia para llevarla a cabo, pues bien sabéis que sin vuestra gracia yo nada puedo absolutamente.

Renovad en mí, ¡Oh divino Redentor!, el espíritu de fe, de esperanza, de caridad, de humildad y demás virtudes que me infundisteis en el bautismo, a fin de que, fortificado con ellas, pueda hacerme superior a la concupiscencia que me arrastra al pecado, pueda resistir a mis enemigos y ser fiel a lo que acabo de prometeros; todo lo cual os pido por los meritos de vuestra Sangre santísima, por los meritos e intercesión de vuestra querida Madre, de los Ángeles y Santos del cielo y justos de la tierra. Amén.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Sermón sobre el Sacerdocio por Mons. Alfonso de Galarreta.

Este sermón fue dado por Mons. Alfonso de Galarreta en una Misa de ordenación este pasado 19 de Diciembre del 2009 y después de haberlo escuchado considere de suma importancia compartirlo con todos mis amigos. Pensando en que muchos de nosotros tenemos familiares seminaristas, vecinos, amigos ó conocidos. Y lo provechoso de este sermón sobre la verdadera definición del Sacerdocio.

Valoremos a nuestros sacerdotes; recemos por la santidad de ellos; exijamos mas santidad en nuestras vidas; mas compromiso en nuestra vida de oración; Para que podamos ver mas Santos sacerdotes dispuestos a dar la vida por sus fieles.

Te Invito para que dentro de tu vida cotidiana adoptes a tu sacerdote pidas por él; te comprometas a rezar por el todos los días; pero principalmente por nuestro Papa Benedicto XVI y nuestro Obispo Thomas J. Olmsted Para que puedan tomar mejores decisiones para el bien de la religión Católica.

El Papa Benedicto XVI levanta la excomunión a obispos ordenados por Lefebvre

En base a las facultades expresamente concedidas por el Santo Padre Benedicto XVI, en virtud del presente Decreto, levanto a los Obispos Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta la censura de excomunión latae sententiae declarada por esta Congregación el 1° de julio de 1988, mientras declaro nulo de efectos jurídicos, a partir de la fecha de hoy, el Decreto emitido entonces.

Roma, de la Congregación para los Obispos, 21 de enero de 2009.

http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=24082

http://www.aciprensa.com/sacerdocio/

http://www.vatican.va/holy_father/john_xxiii/encyclicals/documents/hf_j-xxiii_enc_19590801_sacerdotii_sp.html

http://multimedios.org/docs/d000108/

sábado, 26 de diciembre de 2009

La Natividad Por el P. Gabriel De Sta. M. Magadalena

HA APARECIDO EL SALVADOR

(25 de Diciembre)

Presencia de Dios- Heme aquí a los pies de mi Dios hecho carne, hecho niño por mi amor. Te adoro. te doy gracias te amo.

PUNTO PRIMERO.- ¡Dios es caridad, Dios nos ha amado con amor eterno! parece como si Dios dijera: el hombre no me ama porque no me ve, quiero dejarme ver de él para que así me ame. El amor de Dios hacia el hombre era extremadamente grande y así lo había sido desde toda la eternidad; pero este amor no se había mostrado todavía... Cuando el Hijo de Dios apareció Niño en un portal, reclinado sobre la paja, entonces se manifestó de veras. (San Alfonso María de Ligorio) Este es el misterio de la Navidad; este es el grito jubiloso de San Pablo; La gracia de Dios Nuestro Salvador se ha manifestado a todos los hombres... Ha aparecido la benignidad de Dios Salvador nuestro y su amor por los hombres (Epístola Misa I & II Tito. 2,11-15; 3,4-7) He aquí el anuncio feliz de la grande alegría que el ángel lleva a los pastores: Os ha nacido hoy un Salvador, que es el Cristo Señor. (Ev. I Misa: Lucas. 2,1-11) En el oficio litúrgico de hoy se suceden los textos en un tono jubiloso creciente que canta al dulcísimo Niño Jesús, el Verbo humanado, vivo palpitante de amor entre nosotros: ¿A quién habéis visto, pastores? Decidido, anunciádnoslo; ¿Quién ha aparecido en la tierra? Hemos visto al Niño y ejércitos enteros de ángeles que alababan al Señor (BR.) "Alégrense los cielos y regocíjese toda la tierra la presencia del Señor". (MR.). Nuestro Dios está aquí, en medio de nosotros, hecho uno de nosotros: Nos ha nacido un niño, nos ha sido dado un hijo... Su nombre es: Admirable, Dios, Príncipe de la paz, Padre del siglo futuro... ¡Alégrate, hija de Sión, canta, hija de Jerusalén! ¡Ensalzad al Señor, habitantes de la tierra! ¡Venid, oh gentes, y adorad al Señor! (BR.). Levantaos, venid adorad, escuchad, regocijaos: Jesús, el verbo del Padre, nos dice estas grandiosas palabras: ¡Dios os ama!

"¡Oh Trinidad poderosa y eterna! ¡Oh dulcísima e inefable caridad! ¿Quién no se inflamara ante tanto amor? ¿Que corazón resistirá al incendio de tu caridad? "¡Oh abismo de caridad! Tan perdidamente enamorado estas de las criaturas, que parece que no puedes vivir sin ellas. y, sin embargo, Tú eres nuestro Dios; Tú no tienes necesidad de nosotros; nuestro bien nada añade a tu grandeza, pues eres inmutable; nuestro mal ningún daño puede ocasionarte, siendo Tu la soberana y eterna bondad. ¿Qué cosa, pues, te mueve a una tan grande misericordia? El Amor. Porque Tú no tienes ninguna obligación para con nosotros ni tienes necesidad alguna de nosotros ¿Quien te trae, oh Dios infinito, hacia mí, miserable criatura? Nadie más que Tu mismo ¡Oh Fuego de Amor! Solo te indujo el amor y el amor continua siempre induciéndote. "Tu, suma dulzura, te has dignado unirte con nuestra amargura; Tu, resplandor, con las tinieblas; Tu, sabiduría, con la ignorancia: Tu, vida con la muerte: Tu infinito, con nosotros finitos" (Santa Catalina de Sena).

PUNTO SEGUNDO.-Las tres misas de Navidad nos presentan un cuadro majestuoso: La conmovedora descripción del nacimiento de Jesús en cuanto Hombre, que alterna con la otra sublime del nacimiento eterno del Verbo en el seno del Padre, sin que falten alusiones al nacimiento de Cristo en las almas por medio de la gracia. Pero esta triple natividad no es más que una única manifestación de Dios-amor. Nadie en la tierra podría conocer el amor de Dios, pero el Verbo, que está en el seno del Padre, lo conoce y nos lo puede revelar. El verbo se ha hecho carne y nos ha revelado el amor de dios; en el dulce Nino que desde el pesebre nos extiende los brazos, se ha hecho viviente y palpable su incomprensible e invisible caridad. El Prefacio de la misa de hoy nos lo declara abiertamente: "¡Oh Dios eterno! Con el misterio de la Encarnación del Verbo brilla ante los ojos de nuestra mente un nuevo rayo de tu luz con que, conociendo a Dios, en forma visible, seamos arrebatados al amor de las cosas invisibles". Si, ese Nino "envuelto en pañales y acostado en un pesebre" es nuestro Dios que se ha hecho sensible y visible, nuestro Dios que nos manifiesta del modo más palpable su infinita caridad. Es imposible contemplar al divino infante sin sentirse cautivo del amor, que nos lo regalo; Jesús Niño nos revela el amor de Dios de la manera más clara y conmovedora. En la Epístola (Hb. 1, 1-11) de la tercera Misa nos dice San Pablo: "Dios... nos hablo últimamente, en estos días, por su Hijo..., esplendor de su gloria e imagen misma de su substancia". Jesús, el Verbo encarnado, en medio de su silencio de niño impotente, nos habla y nos revela la substancia de Dios: la caridad. ¡oh dulcísimo Verbo encarnado!

¡Oh amabilísimo Niño Jesús! Heme aquí finalmente a tus pies: dejadme contemplarte, dejadme saciarme de tu hermosura, de tu bondad, de tu caridad inmensa. Yo veo tu amor infinito vivo y palpitante en esta tierno Nino que me sonríe y me tiende sus manecitas. ¡y este Niño eres Tu mismo, oh Dios mío! ¿ Como podre pagarte tan excesivo amor? "Siendo grande y rico, te has hecho pequeño y pobre por nosotros, has querido nacer fuera de casa en un establo, ser fajado con pobres pañales, ser alimentado con leche virginal, ser colocado en un pesebre entre el buey y el borriquillo. Hoy brilla para nosotros el día de la redención nueva, de la reparación antigua. de la felicidad eterna: hoy los cielos han destilado miel por todo el mundo. Abraza pues ahora, alma mía, ese divino pesebre, besa con ardor y ternura los piececitos del Nino. Medita en los pastores que velan, el los ángeles que vienen formando ejercito únete a ellos y toma parte en la celeste melodía cantando con la boca y con el corazón: ¡Gloria a Dios en los más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad! " (San Buenaventura).

jueves, 24 de diciembre de 2009

MEDITACIONES DE ADVIENTO: DE SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO

NOVENA DE NAVIDAD

MEDITACION IX

(24 de Diciembre)

VIAJE DE SAN JOSÉ Y MARIA SANTÍSIMA A BELÉN

Ascendit autem et joseph..., ut profiteretur cum Maria desponsata sibi uxore praegnante.

Subió también José..., para inscribirse en el censo con María su esposa, que estaba encinta.

Había Dios decretado que su hijo naciese no ya en la casa de José, sino en una gruta, en un establo, del modo mas pobre y penoso en que pueda nacer un niño; y para esto dispuso que César Augusto publicase un edicto en que ordenaba que fueran todos a empadronarse en su ciudad originaria. José, al tener noticia de esta orden entró en dudas sobre si debía dejar o llevar consigo a la Virgen Madre, próxima ya al alumbramiento. - Esposa y Señora mía , le dijo, por una parte no quisiera dejaros sola; pero, si os llevo conmigo, me aflige la pena de lo mucho que habréis de padecer en este viaje tan prolongado y en tiempo tan riguroso. Mi pobreza no consiente llevaros con la comodidad que se debiera. - María le respondió, infundiéndole ánimos: José mío, no temas; iré contigo y el Señor nos asistirá. Sobrado sabía, por divina inspiración y hasta porque estaba penetrada de la profecía de Miqueas, que el divino niño había de nacer en Belén, por lo que tomó las fajas y demás pobres pañales, ya preparados, y partió con José: Subió también José... para inscribirse en el censo con María. Consideremos aquí las devotas y santas conversaciones que en este viaje tendrían estos dos santos esposos sobre la misericordia, bondad y amor del Verbo divino, que dentro de poco nacería y aparecería para salvación de los hombres. Consideremos también las alabanzas, bendiciones y acciones de gracias, los actos de humildad y amor en que se ejercitarían por el camino estos dos ilustres peregrinos. Cierto que eran muchos los padecimientos de aquella virgencita próxima al parto, en camino tan largo, por sendas impracticables y en tiempo invernal, penas que ofrecía a Dios, uniéndolas con las de Jesús, a quien en su seno llevaba.

¡Ah! unámonos a María y a José y acompañemos con ellos al Rey del cielo, que va a nacer en una gruta y a hacer su primer entrada en el mundo como niño, el más pobre y abandonado que jamás naciera entre los hombres. Pidamos a Jesús, María y José que, por el mérito de las penas padecidas en este viaje, nos acompañen en el que estamos haciendo hacia la eternidad. ¡Felices de nosotros si acompañásemos y fuésemos acompañados por estos tres ilustres personajes!

Afectos Y súplicas

Amado Redentor mío, sé que en este viaje a Belén os acompañan legiones de ángeles del cielo; pero en la tierra, ¿quién os acompaña? Tan sólo José y María, que os lleva dentro de sí. No rehuséis, pues, Jesús mío, que os acompañe también yo, miserable e ingrato en lo pasado, pero que ahora reconozco el agravio que os hice. Vos bajasteis del cielo para ser mi compañero en la tierra, y yo tantas veces os abandoné, ofendiéndoos ingratamente. Cuanto pienso, ¡oh! Jesús mío! que tantas veces, por seguir mis malditas inclinaciones, me separé de vos, renunciando a vuestra amistad, quisiera morir de dolor; pero vinisteis a perdonarme; así, pues, perdonadme pronto, que con toda mi alma me arrepiento de haberos tantas veces vuelto las espaldas y abandonado. Propongo y espero con vuestra gracia no dejaros más ni separarme ya de vos, único amor mío . Mi alma se ha enamorado de vos, mi amable Dios niño. Os amo dulce Salvador mío, y, puesto que vinisteis a la tierra a salvarme y a dispensarme vuestras gracias, está sola os pido: no permitáis que me tenga que separar más de vos. Unidme, estrechadme, encadenadme con los suaves lazos de vuestro santo amor. ¡Ah, Redentor y Dios mío!, y ¿quién tendrá ya corazón para dejaros y vivir sin vos y privado de vuestra gracia?

María Santísima, vengo a acompañaros en este viaje; no dejéis de asistirme en el que estoy haciendo a la eternidad. Asistidme siempre y especialmente cuando me hallare al fin de mi vida, próximo al instante del que depende o estar siempre con vos, para amar a Jesús en el paraíso, o estar siempre lejos de vos, para odiara a Jesús en el infierno. Reina mía, salvadme con vuestra intercesión, y sea la salvación mía amaros a vos y a Jesús por siempre, en el tiempo y en la eternidad; sois mi esperanza, en vos confío.