"POR LA CONVERSION DE LOS INFIELES"

¡Dios te salve, María, Virgen y Madre de Dios! Aunque miserable pecador, vengo con la mayor confianza a postrarme a vuestros pies santísimos, bien persuadido de ser por ti socorrido de que eres la que, con tu gracia y protección poderosa, alcanzas al género humano todas las gracias del Señor. Y si estas suplicas no bastaran pongo por medianeros y abogados a los nueve coros de los Ángeles, a los Patriarcas, y Profetas, a los Apóstoles y Evangelistas, a los Mártires, Pontífices y Confesores; a las Vírgenes y Viudas; a todos los Santos del Cielo en especial al Cura de Ars, Santa Filomena, San Francisco de Asís, San Benito y justos de la tierra. Cuiden de esta página y de lo que aquí se publica para el beneficio de los fieles de la Iglesia Católica; con el único fin de propagar la fe. Que, esta página sea, Para Mayor Gloria de Dios.

domingo, 6 de marzo de 2011

Intimidad Divina P. Gabriel de Sta. M. Magdalena, O.C.D.


EL ANUNCIO DE LA PASION

DOMINGO DE QUINCUAGESIMA

Presencia de Dios.- ¡Oh Jesús! Dame

luz para comprender el ministerio

del sufrimiento y su valor

PUNTO PRIMERO.- Ante la proximidad de la Cuaresma, tiempo penetrado totalmente por el recuerdo de los padecimientos de Jesús, el evangelio de hoy (Lc. 18, 31-43) nos anuncia ya su Pasión.

La predicción es bien clara. «El hijo del hombre será entregado a los gentiles y escarnecido e insultado y escupido, y después de haberle azotado le quitaran la vida, y al tercer día resucitará»; pero, igual que otras veces, los apóstoles «no entendían nada de esto, eras cosas inteligibles para ellos». No entendían porque creían que la misión de Jesús era la de un conquistador terreno que venía a establecer de nuevo el reino de Israel; por eso no soñaban más que en triunfos y, al estar preocupados solamente por ocupar los primeros puestos en el nuevo reino, cualquiera alusión a la Pasión los asustaba y escandalizaba.

Para los que sólo piensan en la prosperidad y en la gloria terrena, el lenguaje de la cruz es incomprensible. Para los que tienen una visión material de las cosas resulta muy duro el entender su significado espiritual y aun mas difícil comprender el significado del sufrimiento. Ya San Pablo decía que Cristo crucificado era «escándalo para los judíos y locura para los gentiles» (1 Cor. 1,23). Y cuando San Pedro, ante el primer anuncio de la Pasión, exclamo: «No quiera Dios, Señor, que esto suceda», Jesús le reprendió diciéndole sin más: «Vete de ahí, quítateme de delante, Satanás..., pues tus miras no son las de Dios, sino las de los hombres» (Mt. 16,22-23). Para la sabiduría de los hombres el sufrimiento es locura incomprensible, es cosa que desconcierta, hasta hacerles perder su confianza en Dios e inducirles a murmurar de la divina Providencia. Por el contrario, para la sabiduría según Dios, el sufrimiento es un medio de salvación y de redención. Y así como fue «necesario que el Mesías padeciese para entrar en su gloria» (lc. 24,26), del mismo modo es necesario que el cristiano pase por el crisol del sufrimiento y del dolor para llegar a la santidad y a la vida eterna.

"¡Oh Hijo del Padre Eterno, Jesucristo, Señor Nuestro, Rey Verdadero de todo! ¿Qué dejasteis en el mundo, que pudimos heredar de Vos vuestros descendientes? ¿Qué poseísteis, Señor mío, sino trabajos y dolores y deshonras, y aun no tuvisteis sino un madero en que pasar el trabajoso trago de la muerte? En fin, Dios mío, que los que quisiéremos ser vuestros hijos verdaderos y no renunciar la herencia no nos conviene huir del padecer. Vuestras armas son cinco llagas. Ea, pues, hijas mías, esta ha de ser nuestra divisa, si hemos de heredar su reino; no con descansos, no con regalos, no con honras, no con riquezas se ha de ganar lo que El compró con tanta sangra. ¡Oh, gente ilustre, abrid por amor de Dios los ojos; mirad que los verdaderos caballeros de Jesucristo y los príncipes de su Iglesia , un San Pedro y San Pablo no llevaban el camino que lleváis! ¿Pensáis por ventura que ha de haber nuevo camino para vosotros? No lo creáis" (TJ. Fd. 10,11)

PUNTO SEGUNDO.- Sólo después de la venida del Espíritu Santo comprendieron plenamente los apóstoles el significado de la Pasión de Jesús, y, antes que escandalizarse de ella, tuvieron como la mayor honra el seguir y predicar a Cristo Crucificado.

El ojo humano no tiene potencia para comprender el valor de la cruz; es necesaria una nueva luz, la luz del Espíritu Santo. No sin razón, pues, a continuación de la profecía de la Pasión, se narra el Evangelio de hoy la curación del ciego de Jericó. Frente al misterio del dolor todos somos algo ciegos: Cuando el sufrimiento nos toca en lo que para nosotros es más querido e intimo, es fácil desorientarse y titubear en la incertidumbre y en las tinieblas, como ciegos. Por eso hoy la Iglesia nos invita a renovar la oración confiada del ciego: «¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mi¡».

El mundo se maravilla frecuentemente de los sufrimientos de los buenos y, en vez de animarlos cuando recurren a Dios, procuran alejarlos de El infundiéndoles desconfianza y falsos temores. Nuestras mismas pasiones y nuestra tendencia innata a gozar gritan dentro de nosotros y, con los más variados pretextos, quisieran impedirnos el seguir a Cristo crucificado. Permanezcamos firmes en nuestra fe, como el pobre ciego que, sin preocuparse de la muchedumbre que le impedía acercarse a Jesús, sin rendirse a los reproches de los discípulos que querían hacerlo callar, «gritaba cada vez mas fuerte» repitiendo su oración.

Álcese hasta el Señor desde el fondo de nuestros corazones el grito de nuestra oración: «De profundis clamavi ad te, Domine: Domine exaudi vocem meam¡» (Sal. 129). No pidamos al Señor que nos libre del sufrimiento, sino mas bien que nos haga comprender su valor: «¡Señor, que vea!» Apenas el ciego recupero la vista corrió en pos de Jesús «glorificando a Dios». La luz sobrenatural que pedimos al Señor nos dará la fuerza para seguir en pos de Él llevando nuestra cruz.

¡Oh Jesús mío! Siendo la cruz tu divisa, sería vergonzoso que yo pidiera verme libre de ella. De un solo mal te suplico ardientemente que me libres: de cualquier pecado deliberado. Por mínimo que sea: aléjalo siempre de mi, por los meritos de tu Pasión. Por lo que se refiere a otros males: padecimientos del cuerpo y del espíritu, dolores físicos y morales, solo te pido luz y fuerza: luz para comprender el significado misterioso que tiene en los planes de la divina Providencia, luz para creer firmemente que cualquier prueba o amargura , cualquier pesar o trastorno, todas son cosas dispuestas por ti para mayor bien mío; fuerza para que no me impresionen las falsas máximas del mundo ni me extravíen los vanos espejismos de felicidad terrena, fuerza para abrazar con valentía y amor todo género de sufrimientos.